Chile es un país privilegiado en cuanto a recursos energéticos renovables.
En efecto, dispone sol, viento, volcanes y mar; por lo que tiene la capacidad de generar, con esos recursos, muchísima energía.
Si se suman esos recursos renovables no convencionales, Chile podría generar mucha más energía de la que necesita el país.
Existen variados estudios, pero todos ellos tienen ciertos supuestos que nos hace pensar que se podría producir unas 20 veces la energía que necesitamos, inclusive exportando a países vecinos.
En este contexto, la región de Tarapacá, y algunas comunas como Huara, son privilegiadas porque disponen mucho sol y agua de mar, transformables en recursos energéticos infinitos empleando las tecnologías solares y maremotríz.
Estas cualidades de la zona permitirían desarrollar productivamente el desierto y ser un ejemplo mundial de empleo de energía solar y desalación.
En el contexto nacional, la tremenda disposición de fuentes energéticas permitirían lograr una aceleración de las energías renovables a niveles insospechados.
Lógicamente que se requiere avanzar en tarificación y construcción de redes para la entrega de esas energías renovables a las redes de alta tensión existentes.
Evidentemente no se logra mucho si, teniendo buen recurso energético, no lo podemos llevar a los puntos de consumo.
Eso solo sería así, si lográramos la autonomía local de las compañías mineras, la industria y los consumidores individuales; quiénes con el tiempo, no me cabe duda, avanzarán en esa línea.
Algunos ya lo están haciendo, grandes compañías buscando la autonomía a través de sistemas solares y eólicos que les permiten, de a poco, satisfacer sus consumos energéticos.
Teniendo cumplido los objetivos planteados, Chile podría ser nominado a los Oscar en materia de energías renovables no convencionales, con niveles de penetración mucho más altos de los que hoy día ya ostenta.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil
hcortez@enersa.cl







