Señor Director: Siento una pena profunda por los profesores de mi país. Conozco a varios. Sé de sus trayectorias y que durante más de 40 años aportaron al país y al concluir su etapa laboral se retiraron y reciben pensiones bajísimas. Conozco especialmente a uno que tiene una pensión mensual de 270 mil pesos.
Ni con los bonos se salva para «parar la olla».
Y, respecto a la promesa presidencial de pagar la famosa deuda histórica, me vuelve a dar pena porque muchos profesores murieron esperando que les pagaran lo que en Justicia y en Derecho les correspondía. Partieron al Cielo y no cobraron.
Los profesores de todo el país, de acuerdo a los hechos, nunca se dieron cuenta de la fuerza que eran. Y siempre votaron equivocadamente por sus dirigentes gremiales, los que siempre recibían órdenes de sus partidos, en vez de escuchar y trabajar por el inmenso gremio que eran y son. Ese es su pecado y, realmente, es un contrasentido decirle a los profesores que no aprendieron nada en tantos años respecto a sus dirigentes o representantes gremiales. Hay algunos que, en algunas ciudades, para colmo de males, tuvieron problemas con la cuota mortuoria. Digno de Ripley. Muchos profesores vieron o sufrieron en carne propia cuando aparecía un director elegido por política para dirigir un establecimiento educacional, en vez de elegir al mejor académicamente merecedor.
Ahora, nuevamente están luchando para conseguir el pago de la deuda histórica la que si se paga no será en la cantidad legal correspondiente, sino que los dirigentes están por aceptar que se les pague algo (algo más que sea, se dice popularmente). Es increíble. ¡Qué manera de no respetar a los profesores! Cuántas generaciones formaron y será, si alguna vez les pagan, el verdadero «pago de Chile».
Dios proteja a todos los profesores, especialmente a los que jamás se metieron en política, de la cual nada consiguieron hasta ahora.
Rosalía Lourdes Andrade Y.







