Está amaneciendo, los rayos de sol entran suavemente por la ventana, las siete de la mañana invitan a un concierto de pajarillos, los grillos ya se han ido, se escucha la bravura del mar, ese que sólo Iquique me sabe dar. Me siento extasiada por el exquisito aroma a pan tostado, hechizada porque quizás mamá va a preparar el último jugo de naranjas, me lo tomaré a sorbitos y navegar entre los gajitos, el inmenso amor que siento por ese corazoncito.
Ella dejó impecablemente planchado la blusa blanca, la falda y el chalequito negro para el baile sureño. Una apoderada modista se encargó de confeccionar los trajes de los niños y niñas del curso, tomaron las medidas a cada uno y algunas niñas se sentían unas verdaderas princesas mirándose al espejo, tal cual lo hicieron sus madres en otroras épocas de la máquina singer. Cada curso se preparó con dedicación y esmero para su presentación. La geografía y costumbre chilena se divide en los distintos cursos, la idea es visibilizar la riqueza chilena, así como lo hizo nuestra embajadora insigne en Francia con los telares, Violeta Parra. Ella era Chile, y también la fuerza, como sostiene el cineasta Jodorowsky. De norte a sur se expande la tierra que acunó los primeros pasos y nosotros crecimos entre la chusca y la calamina inquieta. Antepasados que se dedicaron con una pala y un sombrero a extraer el mineral que enriquecería los bolsillos y la prosperidad. Justo para algunos, injusto para el pobre que sin saber por qué, seguía trabajando para usted. Pero no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague, el despertar comenzó con los trabajadores,cuando el miedo se transforma en una toma de conciencia y aquí estamos los hijos, nietos y bisnietos, bailando y representando los colores de este país largo y bello.
El viaje comienza con la cueca nortina, una danza pausada que engalana el pañuelo con los pasos meciendo una barca, se apura pero despacito para estremecer los piecitos, se adora la tierra, la pacha mientras se baila, es la conexión con la sobrevivencia y todo lo que ella encierra. A veces me pregunto por qué uno tiene que pasar por tanta inclemencia, por qué no somos felices y punto, por qué salimos de una y entramos a otra jarra para ser derramada, afirmaba mi santa abuela. En fin , esta dicotomía la voy a resolver en otro confín, hoy quiero recordar que de niña me encantaba bailar el cachimbo de Tarapacá, la cueca del campo y el gorro de lana de la isla de Chiloe, con la empana de manzana para endulzar el alma.
El ensayo del un, dos , tres con el compañerito se había gestionado un mes antes en clases de reforzamiento y en los recreos. La ornamentación estaba a cargo de la profesora jefe y apoderados, yo no conocía el sur por esos años, era re chica, sólo caía la camanchaca en mi rostro con la línea del tren avisando que pueden caer unas gotitas de luna. Las madrecitas por mientras preparaban con ahínco la convivencia en la sala, cada una luciendo sus religiosas manos en queques, tortas, roscas y empanadas de horno. Era necesario dejar soplado y encerado para celebrar otro cumpleaños patrio de nuestro Chile en particular. Cómo dejar la vergüenza y sacar la personalidad en un acto donde te verá toda la comunidad escolar. Algunos niños nacieron para ser protagonistas, por otros que la timidez reinaba sin destreza. Sin embargo, no estabas sólo, te acompañaban la madre, abuela y el padrino perdido, más las palmas de los demás asistentes. Iquique está fiesta, la celebración se trasladó desde la pampa salitrera. El director y las autoridades sentados en primera fila, cada curso ansioso por presentarse y dejar el nombre bien puesto como las espuelas del huaso de la querencia. Yo vengo ensayando desde mi pieza y el gorrito de lana lo he escuchado una y mil veces por la radio a.m. Se me quitó la vergüenza, quiero bailar con benevolencia, dejarme arrastrar por la marea y la locura de ser chilena. Ojalá algún día pueda conocer el sur y la Serena, aunque soy una niñita muy feliz sacando huiro y conchas de loco en el barrio El Morro.Pero a veces me pregunto, como será el sur, como será sentir la lluvia cubriendo tu cara, como será sentir la luna plateada muriendo en tu premura.
Se sintió un poquito de calor con el chalequito del valsecito y el romántico acordeón a la antesala del 18 chico. Yo lo hice bien, como todos mis compañeros. Mi madrecita lloraba de emoción, pero todo tiene un principio y un fin , porque ya no estás con nosotros. Te quiero tanto mamita linda, que la sonrisa se escapa cuando me encuentro contigo en la desolada Serena de Gabriela. Eres la más querida, inolvidable para mi corazón y el día a día.
Hicimos el ademán de agradecimiento y nos aplaudieron a tablero revuelto. Atrás se vislumbraba el árbol milenario, compañero de otros niños y de Anita Carvajal . La profesora jefe , nos llamó para felicitarnos e invitarnos a compartir con alegría en la sala consentida. La adornan guirnaldas y coloridas banderas, la mesa larga, esa que invoca todas mis nostalgias, está tan bonita. Nuestras madres son el mejor ejemplo, de su amor por la familia y la tierra. Y eso señores, se ha transmitido de generación en generación, y es por esta razón que escribo esta canción media nostálgica, media sentida, media llorá,
porque saben si quiero tanto a mi país y a mi tierra morena, es gracias a mi madre y su amor inconmensurable a la tierra y su fuerza.
En fin, este cuento tiene un final feliz, porque al llegar el momento del acto, se cantó el himno de Chile sin el yolatumba y el wuelasilo, se declamó el amor a la bandera y se bailó desde Arica a Punta Arenas, las danzas características de nuestra hermosa patria chilena.
Sonia Pereira Torrico
Fotografía: Gentileza de Diego Jiménez







