Está lloviendo, quieres dar un paseo, hasta casa, piensas tú que me cuesta mucho esfuerzo, ir del brazo contigo, caminar junto a ti.
Iquique, lugar de sueños según los aymaras (iki iki), es una ciudad puerto que ha sido considerada una de las joyas del norte de Chile y que posterior a la Guerra del Pacifico (1879), fue considerado el erario económico del país, gracias a sus oficinas salitreras y al trabajo de miles de pampinos.
Desde muy niña, las fiestas y la algarabía por el tira pastilla viejo caga’o, la challa del carnaval, la fiesta de San Pedro y San Pablo, la fiesta de la Chinita, San Lorenzo, el aniversario del puerto y los goles del gran amor de nuestras . Sin embargo, la «Tierra de Campeones» no sólo es una zona minera y de triunfos deportivos, a menudo ha sido el epicentro de catástrofes, terremotos, maremotos, incendios y lluvias.
Destacamos el terremoto de 1868; donde Iquique siendo una miserable caleta quedó en ruinas, bueno como consecuencia se generaron los incendios y la debacle total. Otro episodio lamentable sucedió en la madrugada del 29 de abril de 1905, alrededor de las 3 a.m. se dio aviso de un fuerte incendio ubicado en la calle Vivar, entre Serrano y Tarapacá.
En el norte querido, se repite una canción aprendida, la gente se asusta por las nubes lloronas y los cielos grises. Mi tata de manera recurrente decía, ¡te lo dije!, si la camanchaca llegaba a la primera línea del tren, se nos cae la lluvia, aunque en ocasiones era simplemente una garúa, no obstante, los techos iquiqueños no están preparados para recibir el llanto de la Virgen.
Bueno mi tata Domingo acertaba dentro su sabiduría y experiencia , en concordancia con la popular que sí o sí quedaría la ¡tole tole!.
Recuerdo no ir a clases, ayudar a mi abuelita a colocar ollas y cuanto recipiente ocurrente debajo de las goteras. También escuchar en la sobremesa del domingo, acerca de un torrencial de lluvias en el año 1940, nunca antes visto en la región, cuyo aguacero empezó a las tres y media, hasta las 10 del día 25 de Julio. Fue la ruina económica para la ciudad, techos endebles destruidos en su totalidad y muchas madres desesperadas buscando abrigo y comida para sus bebés en iglesias al perderlo todo. Pareciera que esta historia fuera narrada en tiempos muy pretéritos, de un Iquique diferente, pero es el mismo, ahora cosmopolita, moderno, con luces de neón , elefantes por doquier y con una población que abarca la cordillera de la costa y la depresión intermedia. Empero, las lluvias traen noticias nuevas y la esperanza, se limpian los techos, se purifica el aire y florece el desierto. También se amasa sobre una superficie, el puñado de harina para preparar picarones y sopaipillas. A mi me gustan pasadas con canela y cascara de naranja, acompañadas por un tecito con cedrón y hierba luisa.
La lluvia provoca un respiro detrás de la ventana y un baile por las calles si te antoja ser parte.
Sonia Pereira Torrico
Crédito foto: @elotroenfokefilms







