Señor Director: Si bien en otras ciudades del país funcionaron los llamados Par Vial, en Iquique no pasó absolutamente nada. La congestión es tremenda, tanto como los conductores que se estacionan en doble fila (como se ve en la foto) donde se les ocurre. Ir al centro es un caos. ¿Cuánto tiempo se pierde en las mañanas con los «tacos» de la avenida Arturo Prat? Pareciera ser, de acuerdo a lo visto, que poco o nada le importa a las autoridades que tienen que ver con el tema.
El parque automotor es tan grande para el diseño de la ciudad, especialmente en el llamado casco antiguo y centro de Iquique, que los espacios no dan ni darán para tener una ciudad ordenada en lo que se refiere a los estacionamientos. Entonces, como nadie respeta nada y los organismos fiscales con potestad para sancionar y multar de acuerdo a la ley, sancionan sólo de vez en cuando, los infractores lo saben y siguen estacionando donde se les ocurre. Así «mataron» los famosos Par Vial que se hicieron y, de verdad, no funcionaron.
En calle Juan Martínez, además, se hizo un ciclovía (carril bici, bicisenda, ciclorruta, vía ciclista o ciclopista, como quiera llamarle), las muchas veces que he circulado por esa calle nunca he visto más de un ciclista y eso. Es decir, se hizo la ciclovía y ahí está sin uso masivo por parte de los ciclistas. Por lo tanto, la calle se «angostó por las puras» y ahí está.
Recuerdo que hace muchos años, vivió aquí en Iquique, no sé qué fue de él, un carabineros que la gente apodó «Don Lápiz». Era un excelente carabinero que enseñaba a los conductores y peatones a respetar las disposiciones de la Ley de Tránsito. Cursaba cualquier cantidad de partes y lo sentía mucho, se ganó el ‘odio’, pero hacía respetar la ley y el orden. Mucha gente no comprende que si hay orden se puede lograr una ciudad para recorrerla tranquilamente. Iquique realmente está funcionando al «reverendo lote», como decimos popularmente aquí en nuestro querido país.
Debido a mi trabajo he estado muchas veces en París, donde estudié, y cada vez que puedo regreso. Allá, no sólo en París, sino que en la mayoría de las ciudades galas, se respeta sí o sí, las disposiciones del tránsito, el horario del retiro de basura, el mantener los frontis de las viviendas limpias, el cierre de restaurantes, etc., no porque los franceses sean ordenados, sino porque las multas son altísimas. Lo mismo sucede en Noruega y Dinamarca. Pero aquí no se aprende. Lo que, evidentemente, es lamentable.
Juan Rojas K.







