Nuestros abuelos pampinos trabajaron en las oficinas salitreras, y muchas de sus costumbres están arraigadas al sincretismo religioso español – andino. Como por ejemplo, la fiesta de La Tirana, Navidad, la fiesta de San Lorenzo, la challa, la quema del mono y Semana Santa.
Marcela recordaba la emoción que sentía cada año cuando llegaba la Semana Santa. Su madre exclamaba desde la cocina: «Marzo se pasó volando», mientras sacaba la hoja del calendario. Era el inicio de las primeras vacaciones del año, y Marcela se sentía ansiosa por subir al cerro con su familia, toda vez simbolizaba un viaje familiar casi de ensueño; casi ; porque llegar a la línea del tren se visualizaba fácil y expedito, pero posterior a ese límite, la situación cambiaba diametralmente. Tal especulación se hizo fidedigna al ascender y vivir el vía Crucis orando el «Padre nuestro» y «Padre, ten misericordia de nosotros y del mundo entero» , tradición que la hacía sentir conectada con algo más grande que ella misma.
A medida que ascendía, Marcela se sentía cansada, pero un poco de agua, un pancito con mortadela y el pulular de un ramito de domingo de ramos, ayudó a esta novata peregrina llegar a la cruz del cerro. No era lo mismo realizar una fila para saludar a la Chinita en el pueblo de La Tirana, que emprender el camino al cielo. Unos jóvenes de la YMCA tomaron su mano y la ayudaron a alcanzar la segunda parte de la travesía. No obstante, Marcela perdió el rastro de su hermano menor y decidió esperar a sus padres.
La magia de la noche se produjo cuando Marcela se detuvo a admirar la vista de la ciudad. La luna y las estrellas creaban un escenario mágico, y se sintió poderosa y conectada con algo más profundo y significativo. Su madre la alentaba a seguir adelante, y Marcela se sentía emocionada de estar en ese lugar sagrado.
La muerte y pasión de Cristo tocaron el corazón de Marcela, y se sintió envuelta en una atmósfera sublime y celestial. No quería despertar del hechizo. Cuando llegó a la cruz del cerro, se sintió asombrada por la vista de la ciudad puerto.
La luna llena, única testigo de tal recogimiento. Sólo paz… bendita paz sintió en este momento, elevó una alabanza al cielo y una inesperada estrella fugaz se llevó su deseo. ¿Cuál?, Agradecimiento y felicidad de vivir en familia en una tierra llamada Iquique.
Sonia Pereira Torrico
Foto: @antoniocossiosaez / EDI
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