Caminando por la Plaza Condell, me sumerjo entre los recuerdos y el presente cosmopolita. El azúcar de un chumbeque los endulza sin lugar a duda.
Entonces la antigua Municipalidad recupera su voz. El grupo Calichal celebra nuevamente a su gloriosa «Reina del Tamarugal». Al costado del Odeón, el señor de la cámara de cajón espera paciente el instante perfecto; los jubilados leen el diario como si las noticias jamás envejecieran, y el perfume del jazmín y las bugambilias vuelve a escaparse , mientras bailaba una diablada con mi mamá, como si el cielo y la tierra hubieran decidido encontrarse otra vez.
Las tiendas que desaparecieron no se han ido del todo, continúan abiertas en algún rincón de la memoria. Basta cerrar un instante los ojos para ver sus vitrinas iluminadas, escuchar el saludo de sus dueños y sentir ese apretón de manos que valía más que cualquier documento.
En cuanto a «Las Dos Estrellas», de la firma de Gajo , Vilaplana y Cía. Fueron dueños Luis Gajo y Nicolás Vilaplana y Juan Cahis. Sucesores de los señores Clemente Rivas y Salvador Petramon , que fundaron la Casa en el año 1880. Instalados inicialmente en calle Serrano esquina Ramírez, casilla 668. Y teléfono,109 y 456.
Los socios eran naturales de España. Una joya de pino oregón, luego un incendio arrasó con la propiedad y se trasladó a calle Tarapacá con Obispo Carlos Labbé Márquez.(antigua calle Tacna), ubicación que todos conocemos. Cuentan los vecinos de la época, que los bomberos estuvieron toda la noche apagando ese incendio.
Saben, era toda una experiencia ir a las «Dos Estrellas”, de todo había en construcción, nada faltaba y se vendía al detalle, buenas herramientas nacionales, de muy buena calidad y lo mejor la atención del chino Jorge Wong y Jorge Lozán. Comprar los clavos que faltaban o “el cosito que va adentro del coso”, era pan del cada día. También habían brochas, pinceles, enchufes, tornillos , lijas, trampas para ratón, ampolletas y cuanta cosa se te pueda ocurrir.
El edificio era precioso, tenía un inmenso mesón, maravillaba la cantidad de cosillas, clavitos, todo debidamente catalogado en su cajoncito y estantería. En el centro se ubicaban cubre piso, felpudos, chanchos, rollos de hule y tevinil. La verdad era entrar a otra dimensión. Don Tomás Tuset Ros su último dueño, se le recuerda como una excelente persona, así como los vendedores y la misteriosa cajera.
Para muchos hombres de aquella época, la vida social también pasaba por estas ferreterías. «Las Dos Estrellas» era la número uno. Después venían «El Tigre», «El Serrucho», Lonza y Mangini. Y era casi una ley decir ,si no estaba en Las Dos Estrellas, El Tigre siempre salvaba.
El centro de antaño me alegra la vida, con adornos, luces y pesebres por los techos. El de la ferretería las «Dos Estrellas», era el más bonito. También lo era la corbeta Esmeralda en el verdadero cumpleaños de mi glorioso. Y así me sentía, en una eterna fiesta , con una vida social imparable bajo el Iquique de los techos planos, con negocios atendidos por sus dueños y el reposo bajo una palmera , comiendo un helado de mango o leyendo el diario en la plaza de los jubilados.
Sonia Pereira Torrico







