El norte chileno amanece con un silencio respetuoso y un profundo pesar en el corazón. A los 94 años, ha dejado este mundo la destacada educadora antofagastina, la señora Sonnia Galleguillos Saavedra, viuda de Dinko Damianic Sazunic. Su partida no solo enluta a su distinguida familia, sino también a las aulas de Calama, Mejillones y Antofagasta, donde su nombre ya es sinónimo de vocación, nobleza y un amor inquebrantable por la enseñanza.
Perteneciente a una estirpe de profundo arraigo e historia en la región, doña Sonnia creció bajo el amparo de un hogar de valores firmes. Fue hija del recordado contador Juan Galleguillos y de una figura pionera en la política local: doña Juana Saavedra de Galleguillos, quien en los años 50 hizo historia al convertirse en la primera regidora y luego en la primera alcaldesa de Antofagasta, dejando una huella imborrable en la labor social y el ornato de la ciudad que hoy le rinde honores con una calle que lleva su nombre en el sector sur.
Una vida entregada a sembrar futuro
Fiel heredera de ese espíritu de servicio público, doña Sonnia Galleguillos abrazó la docencia no como un simple oficio, sino como una misión sagrada. A lo largo de una trayectoria impecable, las escuelas de la pampa y del litoral fueron testigos de su entrega diaria. Su paso por las aulas calameñas, mejilloninas y antofagastinas dejó una marca profunda en generaciones de niños y niñas.
Para ella, educar iba mucho más allá de los libros de texto. Fue una formadora integral que instó incansablemente a sus alumnos a perseguir sus sueños con valentía y alcanzar un oficio o profesión que dignificara sus vidas, practicar el respeto irrestricto y la empatía hacia el prójimo, sin importar jamás su condición social, cuidar la buena presentación personal y el uso correcto y pulcro del lenguaje como cartas de presentación ante el mundo; explorar la belleza a través de las artes plásticas, la cultura artística, el deporte, la economía doméstica y la artesanía, disciplinas que impulsaba con fervor para encender las aptitudes únicas de cada estudiante.
«No solo enseñaba materias; esculpía ciudadanos con sensibilidad artística, rectitud moral y una profunda dignidad humana.» — Recuerdo de la comunidad docente.
Un duelo que abraza al norte
Su deceso ha causado un dolor inconmensurable en sus hijos Gloria, Tamara y Dinko, en sus nietos, familiares, parientes y en una legión de amigos y colegas que la reconocían como una figura insigne, un faro de rectitud y calidez humana.
Hoy, las tres comunas que tuvieron la fortuna de recibir su sabiduría se unen en el dolor, pero también en la gratitud. Se ha ido la maestra, la madre, la vecina ilustre; sin embargo, en cada rincón del norte donde un antiguo alumno use bien la palabra, practique la bondad, pinte un lienzo o actúe con respeto, el espíritu de doña Sonnia Galleguillos Saavedra seguirá plenamente vivo.
Descanse en paz, distinguida profesora. Su última lección de vida ha quedado escrita con letras de oro en el alma de su tierra.








