Cada mes, cuando el Instituto Nacional de Estadísticas publica el Índice de Precios al Consumidor (IPC), conocemos cuánto variaron los precios en el país. El dato de junio llamó la atención: una variación mensual de 0,0%. Sin embargo, la inflación acumulada en doce meses aumentó a 4,3%, recordándonos que el costo de la vida sigue siendo una preocupación permanente para las familias chilenas.
Pero detrás de esa cifra existe una pregunta mucho más cercana a la vida cotidiana.
¿Qué significa realmente este IPC para quienes vivimos en Tarapacá?
La mayoría de las familias no organiza su presupuesto pensando en indicadores económicos. Lo hace preguntándose si este mes alcanzará para el supermercado, el arriendo, el combustible o los gastos básicos del hogar. Por eso, cuando el propio INE informó que el pan fue uno de los productos con mayor alza durante junio, no habló solo de una estadística. Habló de uno de los alimentos más presentes en la mesa de los chilenos y de cómo pequeños aumentos terminan acumulándose silenciosamente en el presupuesto familiar.
Hasta aquí, la inflación es una realidad compartida por todo el país.
Sin embargo, en Tarapacá existe un elemento que pocas veces forma parte de la conversación nacional: la distancia.
Vivimos a más de 1.700 kilómetros de Santiago y una parte importante de los bienes que consumimos diariamente debe recorrer ese trayecto antes de llegar a nuestra región. Alimentos, medicamentos, materiales de construcción, electrodomésticos e innumerables productos incorporan costos de transporte, almacenamiento y distribución que finalmente pagan las familias.
El IPC mide la evolución promedio de los precios para Chile. Pero el costo de vivir también tiene una dimensión territorial. Dos familias pueden enfrentar la misma inflación y, aun así, experimentar realidades muy distintas dependiendo del lugar donde viven.
No se trata de cuestionar la metodología del IPC, que cumple correctamente su función como indicador nacional. Se trata de incorporar una variable que merece mayor atención: cómo la geografía también influye en el costo de la vida y en la competitividad de regiones extremas como Tarapacá.
Nuestra región posee ventajas extraordinarias. La minería, el Puerto de Iquique, la Zona Franca y el futuro Corredor Bioceánico nos posicionan como un territorio estratégico para el desarrollo de Chile. Pero esa misma ubicación también implica desafíos permanentes en abastecimiento, logística y conectividad que forman parte de nuestra vida cotidiana.
Chile no parte desde cero. Existen instrumentos para apoyar el desarrollo de las zonas extremas y, durante años, empresas, universidades, institutos profesionales, centros de formación técnica y organismos públicos han impulsado iniciativas para fortalecer la economía regional. Ese esfuerzo merece ser reconocido.
Precisamente por eso, quizás el siguiente paso no sea crear más programas, sino evaluar con rigurosidad cuáles han generado resultados, qué desafíos persisten y qué herramientas conviene fortalecer para responder a un contexto económico distinto al de hace una década.
La experiencia internacional ofrece una referencia útil. Países como Australia, Canadá y Noruega han desarrollado políticas para reducir los costos asociados a la distancia mediante inversión en infraestructura, mejoras logísticas e incentivos para sus territorios más alejados. No existe una fórmula única, pero sí una idea compartida: la geografía no debería transformarse en una desventaja permanente para quienes viven lejos de los principales centros económicos.
Quizás el mayor aporte que nos deja el IPC no sea únicamente conocer cuánto variaron los precios durante un mes. Tal vez también nos invita a preguntarnos cómo reducir aquellos costos estructurales que la inflación no explica por sí sola y que forman parte de la realidad cotidiana de las regiones extremas.
Porque detrás de cada décima del IPC no solo existen cifras.
Existen familias que cada mes hacen un esfuerzo por administrar mejor sus recursos.
Y detrás de cada buena política pública existe la oportunidad de que el crecimiento económico también se traduzca en una mejor calidad de vida para quienes han elegido vivir y construir su futuro en Tarapacá.
⸻
*René Ávila Álvarez es Ingeniero Comercial, MBA, Magíster en Comunicación Estratégica y fundador del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Región de Tarapacá (CEDET Tarapacá).







