Comienzo sosteniendo que los problemas que nos aquejan a los chilenos/as, no nacieron de un día para otro. Cómo bien sabemos somos un país chico en población, pero rico en recursos naturales. Muchos de estos problemas se arrastran por décadas. Nuestra República desde su formación, contiene las páginas de su historia manchas de sangre. Tal realidad es común a lo largo de la historia universal. Chile, desde esta perspectiva es un caso más y no es la excepción.
La lucha por el poder, la influencia de los más letrados y con mayor conocimiento, por ambiciones y dotes patrimoniales, sea por las razones que sean, nuestra existencia nace con estos graves conflictos implícitos en nuestra institucionalidad. Inclusive separar los distintos órganos/poderes de nuestro Estado conlleva la naturaleza de nuestra verdadera identidad nacional y orígenes de nuestra sociedad chilena. Fueron años que quedaron grabados en la formación de nuestro Estado capitalista.
Creo que tiene, a mi edad, mayor relevancia, a grandes pinceladas de nuestra autografía histórica, cuatro acontecimientos que vienen a mi frágil memoria: 1) La valentía y presencia indomable de nuestros pueblos originarios, 2) La abdicación de nuestro padre de la Patria Bernardo O’Higgins. 3) La guerra civil y militar de 1891, con el suicidio del primer presidente de Chile, el liberal José Manuel Balmaceda. 4) El quiebre de nuestra democracia y mártir presidente socialista, Salvador Allende.
Por supuesto, existen dos Premios Nobel de literatura, que realzan a Chile: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. En otras disciplinas de las ciencias, hay quienes, con toda seguridad merecen ser destacados. La mejor opción siempre la tiene usted mi amigo/a, lector/a.
La clase política, en general, en estas últimas décadas ha levantado promesas y compromisos para enfrentar la delincuencia y otras lacras sociales. Sin dudas, han realizado numerosos esfuerzos. Tenemos nuevas leyes, mejores policías, más infraestructura carcelaria.
Sin embargo, la delincuencia organizada no se detiene. Avanza y cobra cada día nuevas víctimas. Esto es muy peligroso para la democracia y para la sociedad en su conjunto. Así como vamos, la delincuencia no retrocede. El país no retoma la senda de la seguridad. ¿Qué estamos haciendo mal o no tan bien?
Veamos. Hoy este grave problema social de la delincuencia, tiene ramificación internacional. Además, mantienen y manejan cuantiosos recursos económicos. Penetran al mercado, contratan a los mejores estudios jurídicos, compran influencias políticas y sobornan a funcionarios del Estado. Entonces, el problema trasciende nuestras fronteras y somos una pieza más dentro del tablero de los negocios. Triste y cruel realidad.
Entonces, vuelvo a la reflexión primaria de esta conversación ¿Qué no estamos haciendo bien?
Partiendo por lo más esencial, el rol del Estado. Me detengo y me pregunto: ¿Lo tiene asumido como un compromiso de primer orden, urgente y de primera necesidad? Nada de mentiras y de cosas a medias. Resulta fácil marearse con soluciones que nunca son eficaces. Vivimos en un Estado capitalista y fuertemente dependiente. Hay que fortalecer los ingresos fiscales, sí queremos combatir la drogadicción y al crimen organizado desde sus raíces. De lo contrario, estamos perdiendo” balas de plata”. No se trata ni de izquierdas y/o derechas. Sí hay que levantar el famoso “secreto bancario”, pues que se levante y punto. Tampoco, se trata “chipe libre”. Como dice un viejo refrán popular: “La mujer del César, no solamente debe serlo, sino parecerlo”.
Otro punto. Nuestras policías debieran ser mucho mejor remuneradas y con una sólida formación de valores. Destinar, en el Presupuesto Nacional, recursos exclusivos para innovación, en tecnología, inteligencia e investigación científica, más recursos humanos altamente calificados. Recursos económicos clasificados y destinados a la persecución de las bandas del crimen organizado en todos los niveles. En fin, solamente un Estado más fuerte, puede tener éxito en sus políticas de seguridad pública.
Me parece muy bien, que exista un Ministerio del Gobierno, exclusivamente para combatir la delincuencia. Le da más fuerza, mejora su estrategia, perfecciona las leyes y pone en marcha objetivos legales. En resumen, se requiere el mejor trabajo político y equipo de profesional, a cargo de navegar con estas tareas.
El actual Ministro de Seguridad, Carlos Arrau G., bien por él, acaba de presentar un Proyecto de Ley. No tiene el apoyo transversal de la clase política. Al respetco, se argumenta que se va modificar y le habrían quitado su “urgencia”. Lo que puedo decir, es mejor que la clase política le haga las modificaciones necesarias y por ningún motivo se vulneren los derechos individuales de las personas consagrados en la actual Constitución. Basta de seguir apremiando al pueblo. Queremos soluciones en Democracia y para eso están nuestros parlamentarios y el mismo Congreso Nacional. Es todo por hoy. Gracias.
Nelson C. Mondaca Ijalba
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