Las enfermedades cardiovasculares son silenciosas y afectan el corazón y los vasos sanguíneos. Algunas de estas son la hipertensión arterial, colesterol elevado, infarto al miocardio, accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca. La mayoría se instala durante años y se manifiesta tardíamente, cuando el daño ya está hecho.
Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren más de 17 millones de personas por causas cardiovasculares. Sin duda es una cifra alarmante, pero afortunadamente no todo es tan malo: una gran parte de estas muertes son prevenibles modificando nuestra conducta.
¿Qué podemos hacer? Una buena manera de partir es chequeando el estado de nuestra presión arterial, realizándonos de manera periódica exámenes de laboratorio —colesterol, azúcar, función renal, entre otros— y revisar el estado físico general con una visita al médico o enfermera.
Luego, poner manos a la obra contra el sedentarismo. Caminar 30 minutos, cinco veces por semana, hace la diferencia. Si se puede practicar algún deporte, mucho mejor. También es fundamental dejar el tabaco, mantener un peso saludable y cuidar la alimentación, reduciendo el consumo de sal, azúcares, ultraprocesados y alcohol. Por último, pero no menos importante, tener vida social, desestresarse y dormir bien.
Cuidarse no debería aplicar solo a una fecha en particular y tampoco es algo que nace de manera espontánea; se debe plantear como una decisión diaria y sostenida, que requiere planificar tiempos y alimentación, entre otras cosas. Pero, sin duda, vale la pena para evitar enfermedades cardiovasculares que pueden ser mortales o incapacitantes y así lograr tener envejecimiento más sano.
Por Sofía Pérez, Académica Escuela de Enfermería Universidad de Las Américas








