Señor Director: Siendo optimista y después de haber visto tanto problema en 2020, aun así le deseo un feliz 2021, en la medida de lo posible.
Me he permitido titular esta carta: “No hay remedio”. Y me refiero no al mundo ni a otras regiones del país, sino a Iquique y sus alrededores, para decir que si regresamos a cuarentena es porque muchos hicieron todo lo posible para que ocurriera. Y, lo peor, es que escucho decir: “Todos tenemos la culpa”.
¿Qué tal?
No, señor. La culpa es de los desordenados, de los que no respetan al prójimo ni a ellos mismos. Esos son los causantes de este regreso al encierro. Y, por supuesto, éstos son los que lamentablemente tuvieron una mala formación en sus propias casas, son lo que se molestan cuando son llamados: Mal educados. No es un asunto nuevo.
Esto no es de ahora. Siempre han existido, antiguamente, se les llamaba ‘picantes’. Después se les llamó “rascas”. Y nadie quiere llamarlos así, pero hacen todo lo posible para demostrar que merecen esos apelativos. A no olvidar que vivimos en comunidad.
¿Quiénes son los rascas, picantes y que permanentemente están mostrando la hilacha?
Son los que se estacionan sobre las líneas que marcan los estacionamientos en los supermercados, en la Zofri, en los Malls, se aparcan chuecos, atravesados, se enojan porque la gente pasa tranquilamente por el cruce de peatones, tocan la bocina a destajo y apenas cambia de rojo a verde; circulan a velocidades no permitidas, escuchan radio para todo el barrio, arrojan basura desde el auto, mandan al perro a la calle, ‘adornan’ los frontis de sus casas colocando los trastos de comida del regalón, se rascan vez que pueden, en el almuerzo se meten el dedo a la boca para sacarse algo de los dientes; hablan fuerte, van al supermercado con toda la parentela y dejan al perro amarrado a la entrada o en el auto; no llaman la atención a sus hijos cuando estos arrasan con los yogures y otros dulces y el papá y la mamá esconden los envases en los estantes. Hay más situaciones.
Otro tema de éstos es la enorme predilección por la bulla que superan con sus equipos musicales para todo el barrio y sus alrededores, llegando a decibeles no permitidos; sólo escuchan sus propias voces, porque no hablan, gritan. Lo peor es que tienen hijos pequeños que se convertirán con estos malos ejemplos –seguro- en otros mal educados. Y se repetirá la historia por la pésima formación que están recibiendo. Del respeto al prójimo, nada. Cero.
Por eso, repito, mientras haya picantes, rascas y mal educados, seguiremos peor y la pandemia seguirá expandiéndose. Dios nos proteja.
Rosalía Lourdes Andrade Y.







