Uno de los puntos clave del Proyecto de Ley de Cambio Climático es la carbono neutralidad para 2050. Suena muy bien, pero hay que fijarse en qué consiste. El proyecto establece un balance de carbono, pero no dice que las emisiones serán cero. Esto quiere decir que las emisiones deben ser iguales a las absorciones de carbono. Sin embargo, no aplica a cualquier tipo de emisión. Por ejemplo, si utilizamos biomasa para calefacción o electricidad, estaremos siendo carbono neutrales en el sentido de que las emisiones vienen de carbón, que se ha capturado del aire previamente y convertido en material orgánico (árboles) y se puede volver a realizar. La cara oculta de la biomasa es que genera material particulado, además de tener menor eficiencia de combustión.
La carbono neutralidad podría no cambiar el estado actual de las emisiones de gases invernadero, ya que uno podría quemar carbono mineral o gas natural por un lado y plantar árboles por otro. Este tipo de carbono neutralidad no es real, es simplemente una farsa, porque no se sigue la identidad del carbono emitido y capturado. No es lo mismo el carbono que viene del petróleo, que el gas o carbón mineral que proviene de la biomasa. Y aquí debemos hacer una aclaración, a nivel molecular es exactamente igual, pero a nivel ecológico, es como limpiar el piso usando un trapero con los pies con barro.
El flujo de carbono en la tierra está regulado por los ecosistemas, tanto por la biomasa (bosques y áreas verdes en general) como por el océano. Para poder lograr una carbono neutralidad entre la biomasa y las emisiones que vienen de combustibles fósiles, es necesario tener tres veces más plantas de las que existen hoy. Por ejemplo, imaginemos que la selva del Amazonas (que es aproximadamente el 60% de las selvas tropicales del planeta, con una extensión de 5.500.000 km²) tuviera que multiplicarse por tres para poder compensar parte de nuestro uso de combustibles fósiles. Otro dato: el 27,2% de la superficie terrestre (sin contar océanos) corresponde a áreas verdes. Si multiplicamos esto por 3 tendríamos que tener 81,7% de áreas verdes. Sin duda eso no es factible.
La captura de carbono es llamada “sumideros” en el Proyecto de Ley, pero los proyectos de captura y almacenamiento de carbono actualmente son prohibitivamente caros. No es una tecnología que esté desarrollada y, además, requiere de una cantidad de energía considerable si capturamos del aire directamente, lo cual nos deja la opción de obtener carbono en la postcombustión (en las emisiones de la generadora), para lo que deberíamos tomar todas las plantas térmicas actuales y agregarle tecnología de captura y almacenamiento de carbono. Automáticamente esto hace que el costo de la generación de electricidad de eleve.
Otra opción que deja la ley es utilizar la generación eléctrica mediante una planta de biomasa, que es, a fin de cuentas, quemar carbón proveniente de plantas y luego reforestar (mencionado al inicio de la columna). Este tipo de tecnología es carbono neutral, pero hay que considerar que la cantidad de energía obtenida a partir de biomasa es la mitad de lo que se puede obtener mediante generadoras térmicas de carbón.
Finalmente, la ley no especifica absolutamente nada acerca de qué va a pasar con los vehículos particulares ni la calefacción a gas. El costo de estos cambios será pagado por cada persona en base a una tendencia global, a la que Chile sólo aporta un 0,3% a nivel mundial. Definitivamente hay que bajar las emisiones, pero de una forma real y con estrategias concretas. En este punto la esperanza está puesta en el hidrógeno verde, que puede reemplazar al gas natural y también puede ser utilizado en vehículos. Sin embargo, es todavía un proyecto a futuro. La estrategia debería ser fomentar el consumo interno de hidrógeno gris para que cuando las condiciones sean factibles, se pueda reemplazar por el verde.
La ley se enfoca en el cambio climático,pero si en un futuro se demuestra que este no se puede controlar, la ley dejaría de ser válida desde un punto de vista práctico. Y, además, está claro que quienes en teoría “controlan” el clima (si es que eso es factible) son las grandes potencias, que acaparan cerca del 70% de las emisiones globales (América del norte, Europa y Asia). Lamentablemente hablar de ley de cambio climático es hacer demagogia. La ley debería estar enfocada en temas que sí se pueden controlar, como la gestión de recursos, planes de ahorro hídrico, preservación de espacios verdes y obtención o generación de nuevas tecnologías.
Gustavo Funes
Académico Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas
Universidad de los Andes






