Hoy conoceremos la historia de don Arturo Benavides Santos, uno de los tantos niños que cambió los juegos por la patria.
Cuando estalla la Guerra del Pacífico en 1879, cursaba sus primeros estudios en la Escuela Superior de Valparaíso y no pudo resistir la impaciencia de ver a su hermano Francisco, corrió y se enroló también en el Lautaro.
Siendo solo un Soldado, parte al escenario de la Guerra, siendo ascendido por sus méritos en forma muy rápida a Cabo 1º y luego a Sargento 2º. En ese grado con solo 15 años, lo sorprende la batalla de Tacna, donde se distingue por su bravura y valentía lo que le valió el otorgamiento de los galones de Subteniente.
Participa en las batallas de Chorrillos y Miraflores.
Una hazaña notable y que merece conocerse, es el Combate de Tarma-Tambo, en la Sierra peruana, el que transcurrido varios años después de la Guerra fue declarado «Acción Distinguida». En ese Combate, le tocó asumir accidentalmente el mando de su Compañía, integrada por ochenta hombres que resistieron el ataque de ciento veinte Soldados de Línea y decenas de indios.
De esta forma, sacrificada y valiente, transcurrió para este joven Héroe la inesperada contienda. Su Batallón el Lautaro, fue de las últimas unidades en volver a la Patria, siendo disuelto en Santiago el 6 de noviembre de 1884.
En 1903, Don Arturo Benavides Santos es elegido alcalde de su ciudad natal, Valparaíso, cargo que ejerce durante tres periodos.
Al dejar el cargo edilicio viaja incansablemente por toda América y Europa, pareciendo que la falta de una pierna, en vez de un freno, constituía para él un estímulo al movimiento. Después de casi ocho años de prolongadas ausencias, durante las cuales recoge mil experiencias, coge la pluma y desarrolla su condición innata de hábil y ameno escritor. Gracias a esta incursión en las letras vieron la luz, «Juan y Juanita», la «Historia Compendiada de la Guerra del Pacífico», además del gran «Seis Años de Vacaciones»
Su agudeza de escritor también se vació en las páginas del hoy desaparecido diario «La Unión» de Valparaíso, del cual por largos años fue su director.
Su arraigo concepto de familia – base de la sociedad – lo llevo a contraer tres veces matrimonio después de enviudar de sus dos primeras esposas. Ellas fueron las distinguidas damas doña Amelia de la Cruz de las Casas, Doña Blanca Bruce Lorie y doña María Cristina Gordon Benavides.
El Ejemplar Soldado y ciudadano que fuera declarado «Benemérito de la Patria», expiró en Santiago en 1937, a los setenta y tres años de edad.
Un hombre solo muere cuando se le olvida…
Por Mauricio Pelayo







