Señor Director: Hace más de 30 años que vivo en la costanera de Iquique, es decir de la rotonda Chipana hacia el sur.
Y en todos estos años compruebo que los amantes del peligro, es decir, de la velocidad no terminan. Todo lo contrario, aumentan.
Desde la rotonda Chipana hasta Bajo Molle hay numerosas «animitas», que claramente recuerdan los accidentes que costaron la vida de algunos velocistas y de víctimas de la osadía de arriesgados corredores.
Estos saben que no hay vigilancia alguna en el trayecto y a toda hora superan la velocidad máxima permitida por la Ley de Tránsito en zona urbana. Corren como perseguidos por el diablo. Evidentemente, no miden las consecuencias.
No hay noche en que no se escuchen los rugidos de los motores y los frenazos.
Es increíble como la arrogancia de sentirse dueños del mundo a bordo de un auto o moto que les puede costar la vida al correr irresponsablemente colocando en peligro la propia vida y la de los peatones o de quienes conducen respetando las normas del tránsito.
Todo esto para decir que en el lugar se necesita urgentemente mayor control, persistencia en fiscalizar y multar a lo largo de este tramo de la costanera, entre la rotonda Chipana y la rotonda de Bajo Molle. Es la única forma de parar a los irresponsables amantes de la velocidad y el peligro.
Benedicto Urbina Ll.