Señor Director: Los ladrones hacen en Iquique lo que quieren. Todos los días se roban los accesorios de los vehículos y no les sale ni por curados. A mí me robaron ambos retrovisores y ya lo deben tener listo para robarle quizás qué otro accesorio.
Reclamar, colocar denuncias, ir a Carabineros es por las puras… No pasa nada. Para reparar los retrovisores tuve que ir a la vidriería San Lorenzo y poner espejos fijos. ¿Quién paga! ¡Paga Moya! En el rato mientras me pegaban los espejos, llegaron otros tres iquiqueños a reponerlos porque se los habían robado. Y eran recién las 09.30 horas. ¿Cuántos robarán en un día?
Los vecinos que habitamos en la calle José Francisco Vergara, entre Los Molles y Chipana, estamos aburridos, cansados y con una rabia contenida. Todos los días actúan estos ladrones, quienes saben que no hay vigilancia particular ni fiscal o estatal. No pasa nada. Los que tienen que ver no ven absolutamente nada. Ni siquier una «toma» que lleva años en Los Molles al llegar a José Francisco Vergara. En cambio, si uno se demora en una contribución, de inmediato llega el aviso de atraso y amenaza que si no se paga vendrá el embargo. ¿Qué tal? Es decir, al honrado hay que esquilmarlo y acosarlo. Y al que roba, no le sale absolutamente nada de nada. ¡Hasta cuándo!
Entonces, hacen lo que quieren. Si bien ahora se suma cada día un asesinato, homicidio o como lo quieren en Iquique, Alto Hospicio u otra localidad de Tarapacá, ahora están los robos.
Antiguamente había un dicho que decía ¡qué te pasó en Victoria! Ahora, se debe decir: ¡Qué te pasó Iquique! ¿Dónde quedó el Iquique tranquilo? ¿Dónde están los que tienen que vigilar sostenidamente? ¿Quién responde por las pérdidas de los ciudadanos que pagamos todos nuestros impuestos sagradamente, ya sea con el IVA de los alimentos, por el retiro de la basura, en la gasolina, en las contribuciones, etcétera? ¿Quién paga! Nadie.
Hoy mandan los rateros, delincuentes y antisociales que nos tienen viviendo en casas que parecen jaulas y todos asustados porque roban a diestra y siniestra. Y no es ninguna mentira. ¡Hasta cuándo!
Juan Tapia González







