• La Capilla del Buen Pastor fue el epicentro de un conmovedor ceremonial que une la fe católica con el sincretismo de los pueblos originarios.
En un ambiente de profundo recogimiento y silencio absoluto, la comunidad de la Capilla del Buen Pastor en Arica conmemoró este Viernes Santo la sepultura de Jesús. El ceremonial, que destaca por un sincretismo único entre la fe católica y las tradiciones ancestrales, contó con la presencia de diversas delegaciones de fieles y migrantes de pueblos andinos de la región, dispuestos a rememorar el luto comunitario tras la muerte del hijo de Dios.
La jornada comenzó en la penumbra del templo, donde las velas a los pies de la imagen de Jesús se apagaron lentamente. Entre cantos de tristeza y dolor, los asistentes dieron paso a una tradición que se mantiene viva desde hace 20 años en esta comunidad. «Es un momento muy especial, más aún participar con nuestras comunidades en este tradicional momento de recogimiento», destacó el alcalde de Camarones, Cristian Zavala, presente en la ceremonia.
El rito de los «Santos Varones»
Uno de los momentos más impresionantes se vivió con la apertura de las puertas del templo y la entrada de los “Santos Varones”, vecinos vestidos de blanco cuya misión fue desclavar la imagen de Jesús de la Cruz. Ante la mirada conmovida de los presentes, el cuerpo fue llevado en andas frente a su madre, la Virgen Dolorosa, para luego ser depositado en un féretro de vidrio.
«Es un sentimiento especial participar; lo he hecho emocionado cada vez que me ha correspondido bajar a Cristo», expresó Miguel Garrido, integrante de los Santos Varones. Por su parte, Tito Ventura manifestó que participar es una forma de honrar la memoria de sus padres: «Pienso que ellos en estos instantes están conmigo , al igual que como lo hicieran en vida en Putre».
Tradición que trasciende generaciones
La ceremonia no solo atrae a los habitantes del sector, sino a comunidades de toda la región. Santiago Choque, de la comunidad Cristo Rey, recordó que esta tradición «parte allá en Putre» y se mantiene intacta desde su infancia. Asimismo, jóvenes como Diego Vargas, futuro abogado junto a compañeros de estudio, se sumaron a la liturgia como monaguillos: «Lo mínimo es acompañarle en estos instantes después de todo lo que le pedimos a Dios durante el año».
El cortejo fúnebre recorrió las calles aledañas a la capilla, donde los vecinos levantaron estaciones con alimentos y refrigerios para la comitiva, mientras otros acompañaban con velas y oraciones. «Nuestros pueblos andinos nos transportan en el tiempo, mostrándonos una interpretación más vívida de la pasión», valoró la vecina Juana Mamani.
El cierre del luto andino
La procesión fue encabezada por la Virgen Dolorosa, seguida de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, rodeados por mujeres sahumadoras que crearon un ambiente de purificación. La pasión en el Buen Pastor concluyó con el depósito de la imagen de Cristo yacente en su lugar de resguardo, marcando el entierro formal según la tradición andina y dando inicio a una vigilia silenciosa que espera la esperanza de la resurrección.
Como recalcó Félix Humire, del Consejo de Pueblos Originarios, este acto reafirma la identidad y la fe inquebrantable de las comunidades andinas que hoy residen en la zona urbana de Arica.








