Sr. Director: Los delitos tributarios suelen percibirse como una amenaza lejana, asociada solo a grandes fraudes o a empresas de alto perfil. Sin embargo, la realidad es distinta y más cercana de lo que muchos creen.
En este sentido, resulta cada vez más frecuente el observar casos de pequeñas empresas que, durante años, utilizaron facturas de terceros para ajustar su carga tributaria. No se trata de organizaciones criminales ni de estructuras sofisticadas, sino de prácticas heredadas, recomendadas informalmente y nunca cuestionadas. El resultado suele ser el mismo: fiscalización integral, liquidaciones millonarias, querella penal y la paralización total del negocio.
Este tipo de situaciones revela un problema estructural, la normalización del incumplimiento y la falsa creencia de que su detección es improbable. La consecuencia aparece tarde, cuando el daño ya es irreparable.
Combatir los delitos tributarios no es solo una tarea del Estado. Exige educación tributaria efectiva, asesoría responsable y una cultura de cumplimiento que entienda que prevenir es siempre más barato (y más justo) que sancionar.
No se trata de alarmismo, sino de una discusión impostergable sobre los costos reales de seguir mirando para el lado.
Carla Huerta Miranda, Abogada tributarista







