Por Iván Vera-Pinto Soto, Cientista social, pedagogo y dramaturgo
A comienzos del siglo XX, el teatro viajaba. Cruzaba océanos, puertos y desiertos, transportando repertorios, estilos interpretativos y formas de entender la escena. Antes de la masificación del cine y la radio, constituía uno de los principales espacios de sociabilidad, entretenimiento y formación cultural. A lo largo de ese tránsito constante, compañías españolas y europeas recorrieron América Latina, dejando huellas profundas en la configuración de los sistemas teatrales nacionales.
En Chile, estas giras no solo ampliaron la oferta escénica, sino que facilitaron un proceso decisivo: la formación práctica de actores y la consolidación de circuitos profesionales. En ciudades como Valparaíso, Santiago e Iquique, el público accedió a dramaturgias contemporáneas, mientras los intérpretes locales aprendían en contacto directo con artistas extranjeros, en una dinámica de transferencia de saberes que transformó la escena nacional.
En este contexto destacó Bernardo Bermúdez Jambrina (1883–1918), actor, poeta y director nacido en San Sebastián. Formado en la Escuela Regional de Declamación de Coruña, se vinculó tempranamente con circuitos teatrales renovadores, desarrollando un dominio notable de la declamación y una sólida presencia escénica. Integró compañías que recorrieron América Latina siguiendo las rutas que unían España con los principales puertos del continente, entre ellas la del reconocido actor Enrique Borrás, experiencia que consolidó su formación en el ámbito profesional internacional.
La llegada a Chile
En 1914, la compañía cómico-dramática de Evangelina Adams, con Jambrina como primer actor y director artístico, arribó a Chile desde el Perú. La prensa dio cuenta del acontecimiento:
“Del Perú llegó la compañía dramática de la artista Evangelina Adams, donde actúa el poeta Bernardo Jambrina.”
(El Mercurio, Santiago, 7 de abril de 1914)
Su llegada despertó interés en el público capitalino, particularmente entre los seguidores del teatro hispano contemporáneo, cuyo prestigio se sostenía en la incorporación de nuevas obras y estilos interpretativos.
Valparaíso: el primer escenario
Como era habitual en las giras, la compañía inició su temporada en Valparaíso, uno de los principales nodos culturales del país. La condición portuaria de la ciudad favorecía la circulación de elencos internacionales y sostenía una intensa vida escénica.
Durante cerca de dos meses, el conjunto obtuvo una favorable recepción. Las reseñas destacaron la calidad interpretativa y el atractivo del repertorio, compuesto por comedias y dramas del arte escénico español contemporáneo. Este primer éxito consolidó su tránsito hacia la capital.
Temporada en Santiago
El debut en Santiago fue anunciado por la prensa:
“Esta noche se estrena en el Teatro Santiago la compañía cómico-dramática española Adams, dirigida por el primer actor, el poeta Bernardo Jambrina…”
(El Mercurio, 10 de julio de 1914)
Las funciones combinaron representaciones dramáticas con recitales, una práctica frecuente que permitía a los actores exhibir su virtuosismo declamatorio. Un aviso destacaba:
“Hoy miércoles 22 de julio: Amor a oscuras y El comandante. Recitaciones del señor Jambrina…”
(El Mercurio, 22 de julio de 1914)
La crítica coincidió en subrayar su desempeño:
“El señor Jambrina se hizo aplaudir por su fina ejecución.”
(El Mercurio, agosto de 1914)
Más que un elogio circunstancial, este tipo de apreciaciones revela los criterios estéticos de la época, donde la dicción, la expresividad y la presencia escénica constituían valores centrales.
Formación y transferencia escénica
El impacto de estas agrupaciones trascendió el ámbito del espectáculo. Funcionaron como verdaderas instancias de aprendizaje en escena, donde los actores locales adquirieron técnicas y disciplina profesional.
Figuras como Pedro Sienna y Alejandro Flores se formaron en este tejido. Como señala Juan Andrés Piña, el vínculo con Jambrina introdujo a Flores en el oficio teatral bajo la guía de un director que cumplía un rol formativo decisivo (2014, p. 63). En este sentido, Jambrina no fue únicamente un intérprete destacado, sino también un mediador cultural que facilitó la circulación de saberes teatrales entre Europa y Chile.
El circuito del norte salitrero
Tras sus presentaciones en el centro del país, estas compañías solían extender sus giras hacia el norte, siguiendo el eje Valparaíso–Santiago–Antofagasta–Iquique. Más que una extensión geográfica, este recorrido respondía a la vitalidad económica y cultural del mundo salitrero.
A comienzos del siglo XX, Iquique era un espacio cosmopolita, marcado por la confluencia de trabajadores, comerciantes y migrantes. En este ámbito, el teatro ocupaba un lugar central, con el Teatro Municipal como principal escenario de compañías dramáticas, líricas y zarzueleras.
La vida cultural incluía conferencias, veladas literarias y debates públicos. En ese ambiente se inscribe la visita del poeta Víctor Domingo Silva, cuya presencia fue destacada por la prensa local:
“Para el pueblo iquiqueño la visita de Víctor Domingo Silva significó la continuación de lo realizado tiempo atrás…”
(La Patria, Iquique, 1914)
Aires de la pampa: escena y territorio
En esa coyuntura se presentó Aires de la pampa (1916), drama inspirado en la vida salitrera. Dirigida por Jambrina, la obra abordó conflictos sociales y experiencias cotidianas del mundo pampino.
Su puesta en escena permite observar un desplazamiento significativo: desde la mera reproducción de repertorios europeos hacia la incorporación de temáticas locales. En ello, Jambrina no solo difundía modelos escénicos, sino que participaba en un proceso de traducción cultural, articulando lenguajes teatrales foráneos con realidades del norte chileno.
La prensa registró la recepción de estas funciones, destacando su impacto en la vida cultural iquiqueña (El Tarapacá, 1916).
Redes teatrales y mundo popular
La circulación de la compañía también fue documentada en Arica:
“La agrupación que dirige Bernardo Jambrina, el eminente primer actor…”
(Diario de la Tarde, Arica, 7 de abril de 1914)
En ese mismo entramado, la presencia de Bernardo Jambrina también proyectó su influencia hacia el ámbito del teatro obrero. Testimonios posteriores, como el de Marina Morales, sugieren que Ernesto Grendy, director del Centro Arte y Revolución, habría tenido un contacto temprano con el actor español. En efecto, actriz señala que Grendy “se fue como valet de un actor español, Bernardo Jambrina…” (Camanchaca, 1989, p. 53), lo que abre la posibilidad de una transmisión indirecta de saberes escénicos. En este sentido, las travesías teatrales no solo fortalecieron circuitos profesionales, sino que también irrigaron prácticas culturales en espacios populares, donde el teatro adquirió un sentido social y formativo.
Un legado en tránsito
La carrera de Jambrina se interrumpió tempranamente en 1918, tras un accidente en Asturias. Sin embargo, su trayectoria permite comprender el papel de los actores itinerantes en la configuración de los sistemas teatrales latinoamericanos.
Más que un difusor de repertorios fue un agente activo en la circulación de prácticas escénicas, en la formación de intérpretes y en la construcción de públicos. Su paso por ciudades como Valparaíso, Santiago e Iquique evidencia cómo esta manifestación artística, en su condición itinerante, contribuyó a tejer redes culturales entre Europa y América.
Su huella perduró en la memoria escénica del norte chileno, donde incluso en la década de 1930 se registran agrupaciones como el “Círculo Teatral Bernardo Jambrina”, activo en veladas obreras.
Desde esa perspectiva, su figura encarna una dimensión más profunda del fenómeno teatral: aquella en que el escenario no es solo un espacio de representación, sino también un lugar de encuentro entre territorios, lenguajes y experiencias. Allí donde el puerto se abre al desierto, el teatro se convierte en una práctica compartida que da forma a la vida cultural de Tarapacá.
Referencias:
Libros y publicaciones
Baralt, R. M. (1912). Bernardo Jambrina. El Cojo Ilustrado.
Durán Cerda, J. (1963). El teatro chileno moderno. Universidad de Chile.
Piña, J. A. (2014). Historia del teatro en Chile, 1890–1940 (ed. digital). RIL Editores.
Revistas
Camanchaca. (1989). Iquique, Chile.
Morales, M. (s.f.). Testimonio. En Camanchaca (p. 53).
Jambrina, B. (1915). Soneto a Gabriela Mistral. Figulinas.
Prensa
El Liberal. (1914, agosto 20). Beneficio del primer actor Bernardo Jambrina en “El gran Galeoto”. Santiago, Chile.
El Mercurio. (1914, abril 7). Llegada de compañía dramática con participación de Bernardo Jambrina. Santiago, Chile.
El Mercurio. (1914, julio 10). Funciones teatrales y actividad escénica en Santiago. Santiago, Chile.
El Mercurio. (1914, julio 22). Crónica teatral: actuaciones de la compañía de Jambrina. Santiago, Chile.
El Mercurio. (1914, agosto). Temporada teatral de invierno: compañías en cartelera. Santiago, Chile.
La Patria. (1914). Actividad teatral y compañías en gira en la provincia de Tarapacá. Iquique, Chile.
El Tarapacá. (1914). Noticias teatrales: presentaciones y repertorios en Iquique. Iquique, Chile.







