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Entre materialismo y espiritualidad: superficialidad y apariencias[1] por Carlos Cantero Ojeda

4 febrero, 2026
en Columnistas
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Ley de Kidlin: «Si puedes escribir un problema con claridad, ya tienes la mitad de la solución».

INTRODUCCIÓN: Uno de los desequilibrios más extendidos y dañinos de nuestro tiempo se ha vuelto tan común que a menudo pasa desapercibido. Eso ocurre con el creciente predominio del materialismo sobre la espiritualidad. Este desequilibrio no es meramente filosófico o sicosocial. Afecta directamente la calidad de vida, el bienestar emocional, la salud mental y la creciente prevalencia de enfermedades psicosomáticas. En la sociedad actual el materialismo enferma y, en ocasiones, mata.

PROBLEMÁTICA: En la era digital, esta tensión se ha intensificado. Un desequilibrio manejable evoluciona hacia una distorsión estructural que socava silenciosamente la estabilidad interior, el sentido de la vida y la conexión humana. Se despliega un materialismo sin contención, fluyendo sobre procesos dinámicos, globales y vertiginosos. Se radicaliza la superficialidad, las apariencias, el individualismo, el hedonismo (compulsión por el placer), el nihilismo (debilitamiento valórico) y el consumismo, despojando la existencia humana de su sentido profundo. Se pierde la capacidad de asombro, la conexión con los “mundos sutiles”. Lo interior da lugar al apego por lo exterior, en la creencia que objetos pueden suplir o llenar deficiencias emocionales y/o espirituales.

MATERIALISMO: Cuando la búsqueda espiritual es reemplazada por objetos se habla de reificación. Reificar, viene del latín «res», significa «cosa», y «facere», significa «hacer», se traduce como «convertir en cosa«. Refiere a la transformación de ideas abstractas o relaciones humanas en entidades concretas, materializadas, o tratadas como tales (cosismo). Esta idea viene desde la antigüedad, lo encontramos en el mandato bíblico de no adorar ídolos ni imágenes (Éxodo 20:3-6) o el episodio del becerro de oro, que representan la lucha contra (la reificación) convertir entidades espirituales o conceptos trascendentes en objetos de adoración. Desde la perspectiva filosófica, diversos autores lo señalan como un desvío del sentido trascendente de la vida.

LO RELACIONAL – DIVERSAS MIRADAS: El débil sentido espiritual agudiza la superficialidad relacional. Lo interno y trascendente pierden valor por lo externo, la primacía del tener sobre el ser genera fragilidad identitaria y relacional. La realización se busca en la esfera privada, despojando de valor lo trascendente y lo comunitario. Autores contemporáneos refieren este asunto: Byung-Chul Han, analiza como el rendimiento y el consumo reifican la identidad, generando una profunda superficialidad o vacío espiritual. Gilles Lipovetsky, aborda la «estetización» de la cultura y el consumismo se ha vuelto esencial, difuminando los límites entre lo superfluo y lo trascendente, como reflejo del individualismo.  Cecilia Yaccarini y Hernán Furman, en sus estudios sobre materialismo, espiritualidad y propósito de vida, muestran como la erosión en la búsqueda de un sentido, afecta la realización personal y espiritual.  

Zygmunt Bauman, describe la «modernidad líquida», con relaciones y valores que se vuelven frágiles y superficiales, por la mutabilidad consumista, que aleja lo trascendente, fomentando una realidad superficial, fluida, transitoria, inestable, afectando relaciones, identidad, valores y el sentido de vida. Chögyam Trungpa, desde la perspectiva del Budismo Tibetano, alertó sobre el “materialismo espiritual”, que confunde la búsqueda de sentido de vida con la adquisición de lo material o experiencias superficiales (apariencias), que distorsionan la plenitud y realización de las personas.

EL COSTO ES MEDIBLE: Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión y los trastornos de ansiedad afectan a más de mil millones de personas en el mundo, con tasas que aumentan con rapidez en diversas sociedades orientadas al consumo. Un estudio de 2023 de la Asociación Americana de Psicología reveló que las personas que priorizan el éxito material presentan niveles significativamente más altos de ansiedad, depresión y enfermedades somáticas. En América Latina, las tasas de suicidio juvenil han aumentado aproximadamente un 30% en la última década, en correlación con la fragmentación social y el debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios. No se trata de abstracciones; son síntomas del desequilibrio que abordamos.

MUTABILIDAD Y REDES SOCIALES: Estos desequilibrios dificultan una vida plena, la construcción de identidad y los lazos sociales, generando desprotección y vacío existencial (Bauman); el enfoque en el rendimiento y el consumo aísla al individuo, debilitando los lazos comunitarios y el sentido de pertenencia (Han); el individualismo hedonista y su búsqueda de gratificación inmediata, prevalecen sobre los valores comunitarios, constituyendo una sociedad fragmentada (Lipovestsky). Las redes sociales ofrecen un ejemplo claro. La identidad se construye sobre auto exposición pública de posesiones, experiencias y símbolos de estatus. La dimensión espiritual del autoconocimiento es reemplazada por métricas de validación externa: seguidores, “me gusta” e interacciones. Un estudio realizado por investigadores de Stanford (2024), encontró que las personas con altos niveles de participación en redes sociales reportaban menor satisfacción vital. Una paradoja reveladora: pruebas de una “buena vida”, pero menos experiencia real de la misma.

SOLUCIONÁTICA – EL EQUILIBRIO: No promovemos la renuncia a lo material. Por el contrario, debemos reconocer su rol y establecer los contrapesos. El equilibrio dinámico entre lo interior y lo exterior. El remedio del materialismo, se encuentra en la espiritualidad. Desde una perspectiva filosófica, se entiende como el movimiento reflexivo de interioridad, que abarca la conciencia, la libertad y la búsqueda de valores fundamentales. Se expresa en la cosmovisión, la conexión con los otros, la construcción de sentido profundo, más allá de la mera existencia material.

Universo de Espiritualidad: Aclaramos que, la espiritualidad de la que hablamos, no es sinónimo de religiosidad, es un concepto mucho más amplio. La espiritualidad es el universo, conjunto (contenedor), de diversos subconjuntos o formas de: religiosidad, movimientos filosóficos, espirituales e iniciáticos (lo contenido). La interioridad no se da solo en la religiosidad o lo sagrado, sino en múltiples expresiones de la espiritualidad, que nos aventuran en el viaje a lo interior.

LLAMADO FINAL: Aquí están los elementos (principios y valores) que definen la plenitud de vida y la realización personal, para evitar el incremento de los problemas de subjetividad, salud mental y enfermedades sico-somáticas, en las personas y nuestra sociedad. El cuidado -sobre todo el autocuidado- de estas cuestiones son cruciales para una mejor calidad de vida, una cultura de paz y la integralidad humana. Trabajemos para priorizar lo espiritual y lograr ese equilibrio. ¡Que así sea!

BIBLIOGRAFÍA:

Bauman, Zygmunt (2002. Modernidad Líquida. Editorial Fondo de Cultura Económica, México.

Cantero, Carlos (2018). Sociedad Digital. Razón-Emoción. Editorial Universidad Oberta de Cataluña. España.

Han, Byung-Chul (2010). La Sociedad del Cansancio. Editorial Herder. Barcelona, España.

Lipovetsky, Gilles (2006). La Era de Vacío. Editorial Anagrama. Barcelona, España.

Lukács, György (1969). Historia y Consciencia de Clase. Editorial Grijalbo. México.

Trungpa, Chögyam (1985) Más allá del Materialismo Espiritual. Editorial EDHASA, Barcelona, España.

Yaccarini, C. y Furman, H. (2017) Materialismo, Espiritualidad y Propósito de Vida. PSOCIAL: Revista de Investigación en Psicología Social, 3(1), 31-38. Recuperado de Redalyc.org. 


Geógrafo, Máster y Doctor en Sociología. Conferencias, asesor e intelectual chileno. Profesor en la Universidad Internacional de la Rioja, UNIR-España. Su trabajo se centra en la adaptabilidad a la sociedad digital, la ética, innovación social y el desarrolllo humano.

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