Normalmente en la historia mundial y de las guerras, existen personajes anónimos que jamás saldrían del olvido pues sus actuaciones muchas veces pasan desapercibidas por personajes más potentes, ya sea por sus capacidades, actuaciones o martirio.
Pero la labor de uno, como orgulloso de cada bravo del 79, es dar a la luz la historia de vida y muerte de quienes, anónimamente lucharon, vencieron o murieron por nuestra bandera, por nuestra patria.
Es el caso de dos hombres que, al momento de morir, asesinados por montoneras peruanas en la campaña de la sierra, cumplían una tarea importantísima en esa época, para que nuestro ejército pudiese actuar con mayor seguridad. Nos referimos a los telégrafos.
Para entender la importante labor de estos anónimos mártires, vamos al decreto de septiembre de 1879:
“Créanse tres empleos de celadores del telégrafo que estarán bajo las órdenes del subinspector de la línea, con la dotación de cincuenta pesos cada uno.” Estos individuos debían cuidar la línea telegráfica a la cual sean destinados.
¿Estos hombres serán los primeros soldados del arma de Telecomunicaciones actual? ¿Serán sus primeros mártires del arma?
No lo sé.
Hoy conoceremos al primero.
José Lorenzo 2° Gómez, era el celador de la vía telegráfica entre Huacho y Trujillo en el norte peruano, cuando el 24 de abril de 1881 es asesinado en su puesto por montoneras peruanas en circunstancias que desempeñaba una comisión de servicio.
En Chile su muerte deja viuda a doña María del Rosario Sepúlveda y varios hijos huérfanos.
No existe fotografía de nuestro héroe, pero, aunque no conozcamos su rostro, desde hoy conocemos su historia.
Un hombre solo muere cuando se le olvida
Mauricio Pelayo







