Hoy conoceremos la historia de Juan Luis Contreras Rojas, comerciante pampino e iquiqueño, cuya vida ha estado profundamente marcada por una misión: rescatar y difundir con orgullo las tradiciones salitreras del norte grande. Nacido en 1949 en el emblemático campamento Marisol, Juan Luis creció entre el polvo salino y los valores de familia, esfuerzo y comunidad, junto a sus padres y hermanos en el Donke Urrerá.
Más tarde, la familia se trasladó a la ex oficina salitrera Victoria, donde Juan Luis cursó sus estudios en la Escuela Primaria de Hombres N° 51. Desde pequeño destacó por su disciplina, su compañerismo y su pasión por el deporte. Pero también por su temprano espíritu trabajador: mientras otros niños jugaban, él recorría las calles vendiendo pan de huevo y hallullas recién horneadas, acompañando los tradicionales lonchecitos pampinos.
A los 11 años, la familia Contreras se radicó en Iquique. Allí, fiel a su carácter emprendedor, Juan Luis y su familia fundaron un local que pronto se haría famoso: la “Fuente de Soda” y “Palitroques”, ubicada en la esquina de Orella con Ramírez. Este espacio no solo ofrecía sabor y encuentro, sino que se convirtió en un ícono local gracias a los campeonatos de palitroques que convocaban a trabajadores de las pesqueras y empresas de la zona.
Sin embargo, una inesperada tragedia puso a prueba la fortaleza de la familia: un voraz incendio destruyó por completo el local del querido “Chinito” Contreras. Pero la adversidad no logró apagar su espíritu. Con tenacidad, emprendió nuevamente, esta vez con una botillería en el sector sur de la ciudad. Aquel fue el primer paso hacia un anhelo aún mayor: abrir un restaurante pampino que rindiera homenaje a las raíces salitreras.
Así nació “Hijos de la Pampa”, un espacio que no solo representa la culminación de un sueño personal, sino también un verdadero tributo a la memoria colectiva de una época dorada. Ubicado en Av. Santiago Polanco 2315, locales 11 y 12, este centro cultural y gastronómico destaca especialmente por su magnífica entrada principal, elaborada en noble madera de pino Oregón. Las paredes del recinto narran con orgullo visual escenas emblemáticas: la iglesia de Victoria, la casa del administrador, los chalets, el campamento obrero y la tarjetera salitrera.
En el segundo piso, ascendiendo por una elegante escalera de madera, se encuentra el Rancho de Empleados, un salón especialmente concebido para eventos sociales y bailables. Y para quienes buscan un momento de pausa cargado de identidad, el salón de té “El Lonche” ofrece un rincón acogedor donde se puede disfrutar del tradicional té de hojas con hierba luisa, acompañado de marraquetas crujientes, empanadas fritas, roscas condesa y el inolvidable pan de huevo.
El legado de Juan Luis “El Chino” Contreras trasciende generaciones. Su labor incansable en favor de la memoria pampina, así como su compromiso con el deporte —en disciplinas como el fútbol y el boxeo— lo convierten en un referente invaluable para las familias del norte y un orgullo de la comunidad iquiqueña. Su historia merece ser reconocida con justicia, elevándolo como un verdadero Hijo Ilustre de esta tierra de sal, viento y corazón.
Crónica de Manuel Escribar Cisternas







