Hemos estado viviendo muchos meses ya con el Covid 19, aún no tenemos una vacuna disponible, por lo tanto el daño ha sido mayúsculo.
A nivel mundial se ha alcanzando la friolera cifra de 1 millón de fallecidos producto de la pandemia, y obviamente, continuará creciendo hasta que se aplane esa curva de muertes.
Sin embargo, la contaminación ambiental es bastante más dañina que el propio Covid, porque cifras disponibles nos indican que anualmente fallecen más de 7 millones de personas producto de los altos niveles de contaminación.
Se ha analizado que existe una estrecha relación entre la exposición a altas concentraciones de MP10 y MP 2,5 y la mortalidad.
El punto es que estas partículas finas penetran profundamente en los pulmones y el sistema cardiovascular de las personas, provocando una serie de enfermedades, entre las cuales podemos destacar: accidentes cerebrovasculares, cardiopatías, cáncer de pulmón, neumopatías obstructivas crónicas e infecciones respiratorias como la neumonía, entre otros.
Ha quedado demostrado también que la contaminación provoca otras consecuencias sanitarias, como por ejemplo, que la contaminación del aire en interiores de las viviendas puede llegar a provocar tuberculosis y cánceres nasofaríngeos y laríngeos.
No es mi intención aminorar la problemática de la pandemia y el cuidado que debemos tener acorde con la evolución de los contagios, pero es importante no perder de vista las magnitudes y los impactos que provoca en la población un fenómeno tan antiguo como es la contaminación ambiental.
Se ha señalado que la pandemia y las restricciones de movimiento o el confinamiento ayudaría a disminuir los niveles de contaminación, pero también se cree que al regreso a la “vida normal” los niveles de material particulado regresan con mayor fuerza.
Nos preocupamos de la pandemia, lo cual me parece necesario, pero también deberíamos realizar mejores y mayores esfuerzos tendientes a eliminar la contaminación, en un país tan rico en recursos naturales energéticos, los cuales nos permitirían avanzar a mucha mayor velocidad hacia una transición más profunda en materia energética, electro movilidad y ciudades amigables.
Hernán Cortez Baldassan
Ingeniero Civil U de Chile






