En los tiempos de mi infancia, recibíamos dos pintachas en el año, la del 21 de Mayo y la de las Fiestas Patrias. El zapato tenía un lugar exclusivo y sagrado, en tienda La Liguria, llegaban las mejores marcas nacionales como Guante, Jarman, Pluma, Gacel o calzado Verónica, asimismo, carteras pirulas de cuero legítimo. ¡Uf! mi abuela, sacaba crédito donde el contador Juan Godoy, para pedir la cartera de la temporada. Calle Vivar por esos años era la pasarela después del cole. Cuantas veces me quedaba hechizada viendo la zapatilla Topper o la chala Reef detrás de la vitrina de esa tienda que data del año 1950.
Al igual que el «Bazar Obrero» y el «Supermercado Rossi», La Liguria representaba el punto neurálgico del negocio clásico atendido por su propio dueño, en este caso hablamos del señor Ernesto Gandolfo Battistini, empresario, deportista, bombero, fundador y propietario de la tienda La Liguria, el cual acaba de dejarnos a los 101 años. Llegó a Chile a los 15 años en 1938, en un Iquique con calles de tierra y veredas de madera, cuando la población de la ciudad no superaba las treinta mil personas, la mayoría perteneciente al éxodo pampino, debido al cierre inminente de las oficinas salitreras por la creación del salitre sintético. Época que se prolongó por treinta años, con la proliferación de la industria pesquera.
Don Ernesto comenzó como junior en una tienda, » La ideal» con un tío y con otro tío, Juan del que es heredero trabajó en la tienda «El Tropezón «. La Liguria el año 1950 se traslada a calle Tarapacá 631, donde hoy está ubicada la Tienda La Riviera, para llegar en 1965 hasta donde está hoy, en Vivar 779, la que actualmente se ha expandido en el mall y el centro de la ciudad.
En el Iquique de antaño , hubo más de 30 tiendas locales que han ido desapareciendo por el impacto agresivo del retail y la globalización.
Está tienda es un gran ejemplo de familia unida, una de las pocas tiendas iquiqueñas con gente de corazón. El comentaba en su quehacer cotidiano del Iquique que se nos fue y que se paraba en la puerta de la tienda y confirmar con un dejo de melancolía, no encontrar a algún conocido. «Nuestra ciudad ha crecido mucho», dijo don Ernesto en vida.
Saben era maravilloso ir de la mano de mamá o papá, recorrer el centro a eso del mediodía y lograr reconocernos mediante un abrazo o un ¡avísale! Toda vez que los dueños atendían con tesón y esmero detrás de un mostrador. La Casa Francesa, La Confianza, Vildoso, Casa Malagarriga, Farmacias Victoria, La Riviera, El Faro, Supermercado Rossi, Bazar Obrero y la sobreviviente tienda La Liguria. Sigue firme como un roble, es un testimonio vivo de un Iquique oscilante y gravitante por décadas.
Hoy está cambiado Iquique, el bullicio de las calles remece la memoria; el dueño de la tienda ya no aguarda la espera mirando a los transeúntes. Las esquinas expiran de cordialidad, las tiendas del siglo 21 evitan el contacto, esperando solamente la fría transacción en una pantalla. Sin embargo, es maravilloso que aún exista la fiel clientela, que sigue esperando ese trato amable y personalizado, con productos nacionales e importados. Felicitaciones a don Ernesto Gandolfo (Q.E.P.D.) y familia por conservar una tienda amiga en nuestro querido puerto.
Sonia Pereira Torrico







