Obviamente que la energía no es el único factor que influye en el desarrollo. Lo que si podemos decir es que existe una clara correlación entre ambos.
El acceso a la energía contribuye a la disponibilidad y sostenibilidad de servicios básicos (abastecimiento de agua, salud, educación) y de actividades productivas, entre las que podemos mencionar al funcionamiento de equipos en centros de salud y quirófanos, la refrigeración de medicamentos, facilita el acceso al saneamiento y a la potabilización de agua, brinda alternativas menos contaminantes y más eficientes para cocinar y generar calor, mejora la producción agraria (implementación de sistemas de regadío) contribuyendo a la mejora de la seguridad alimentaria, permite la iluminación en escuelas y hogares, lo que repercute en el rendimiento escolar y mejora el funcionamiento de las actividades productivas.
Según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), “la energía es esencial para el desarrollo, y la energía sostenible es esencial para el desarrollo sostenible”.
Para los países en desarrollo, la pobreza energética es un impedimento enorme para el progreso económico”.
Por lo tanto, se puede hablar de pobreza energética cuando se carece de un adecuado acceso a la energía para satisfacer las necesidades básicas domésticas (cocinar, calentarse o iluminar una vivienda) y los servicios esenciales para el funcionamiento de escuelas, centros de salud y para la realización de actividades económicas para la generación de ingresos.
Existe una clara relación entre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) y el consumo de energía primaria per cápita de los distintos países.
En efecto, un pequeño aumento en el consumo de energía de los países pobres contribuye a elevar enormemente su IDH. Por el contrario, a partir de determinado IDH (alto), un aumento del consumo de energía per cápita no implica incremento del mismo, sino despilfarro en el uso de la misma.
En vista de lo señalado, el acceso universal a la energía en el mundo es un reto aún pendiente de acometer.
Como dato, en el mundo existen 1.300 millones de personas que carecen de acceso a la electricidad y cuatro de cada cinco personas sin acceso a electricidad viven en áreas rurales del mundo en desarrollo.
En consecuencia, la disposición de energía con cobertura para todos es aún un tema pendiente, que en gran medida puede ser resuelto con sistemas energéticos renovables, económicos, autónomos, sustentables y amigables.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil U de Chile
Gerente General
E N E R S A
hcortez@enersa.cl







