-Se trata de una reedición de sus Poemas y Pomadas. Muy interesante en este libro es su encuentro con Nicanor Parra.
Manuel Silva Acevedo, Premio Nacional de Literatura 2016, escribió «Hernán Rivera Letelier regresa a sus orígenes con este libro en el que se entrecruzan su voz de poeta y narrador. Así como en sus novelas se deja entrever su lirismo original, en cada verso se hace presente su impronta narrativa y cuentera.
«Poemas» en lo que canta al Norte, a la muerte, al amor y en los que también denuncia injusticias y tragedias.
«Pomadas» con un tono más humorísticos, coloquial.
Y, finalmente, «Albaricoques» que condensan, en su brevedad, el ingenio y la profundidad de un aforismo.
Un encuentro con sus lectores, esta vez desde su yo escritor más primario: Semilla poética que germinó en su juventud y que hoy brota andada en sólidas raíces.
El sorprendente Hernán Rivera Letelier vuelve a asombrarnos con sus Poemas & Pomadas, donde aflora su amor inclaudicable por ese «Norte del alma».
Aunque puntualiza que no habla del Norte con la voz del poeta, sino que en sus versos son las piedras las que hablan.
En sus llamadas «Pomadas», aflora un resabio de los antipoemas, y entonces, el poeta suelta amarras y se atreve a nombrar, a decir, a echar afuera con desparpajo, para terminar autoflagelándose con ironía: «No hay peor poema que el que se escribe», finaliza.
SUS OBRAS
Hernán Rivera saltó a la fama literaria con su novela «La Reina Isabel cantaba rancheras», en 1994. En 31 años de incesante carrera conquistó el Premio Nacional de Literatura en 2022. Recordemos que el escritor pampino llegó desde Talca junto a sus padres -siendo guagüita- a la salitrera Argorta, en la Segunda Región de Antofagasta.
Siendo un lolo, poco después de esa etapa que popularmente llaman la «edad del pavo», comenzó a ser visitado por las musas. Su interés estaba en la poesía y participó en algunos concursos regionales y nacionales. Y ganó.
Sin embargo, él sabía que se convertiría en un escritor a carta cabal cuando dio en el blanco. Comenzaba así su carrera literaria con La Reina Isabel Cantaba rancheras, siguió con Himno del ángel parado en una pata, Fatamorgana de amor con banda de música, Los trenes se van al purgatorio, Santa María de las flores negras, Canción para caminar sobre las aguas, Romance del duende que me escribe las novelas, El Fantasista, Mi nombre es Malarrosa, La contadora de películas, El arte de la resurrección, El Escritor de epitafios, Historia de amor con hombre bailando, El vendedor de pájaros, La muerte es una vieja historia, La muerte tiene olor a pachulí, La muerte se desnuda en La Habana, El hombre que miraba al cielo, El autodidacta, Epifanía en el desierto, El secuestro de la hermana Tegualda, Hombres que llegan a un pueblo, La vida oculta de un escritor, Del diario de vida que nunca escribí. Todas sus novelas maravillan a sus lectores en el mundo entero, pero deslumbran y deleitan a los pampinos salitreros.
Para concluir esta nota, destacamos a Hernán en uno de sus «Albaricoques», que Nicanor Parra encontró genial:
Señor
hazme invisible
como un buen árbitro de box
Y resaltamos esta parte de su poema Oda al Norte que nos emociona, como pampinos salitreros que somos:
El norte del que hablo
es de los que se quedan
y si un día se van
su recuerdo es estrella
porque al volver la vista
el alma se les queda
como un cráneo de vaca
condecorando la arena.
El norte del que hablo
es de los que se quedan.
Yo no hablo del norte
de la lengua hacia afuera
Dios me libre de hacerlo
mi mujer es morena
mis hijos tienen ojos
del color de la quena
mi padre murió aquí
mi cuerpo aquí se queda
cual ofrenda a este suelo
que todo me lo ofrenda.
Yo no hablo del norte
con la voz del poeta
cuando yo hablo del norte
las que hablan son las piedras.








