Hoy conoceremos la historia de don Ramón Dardignac Sotomayor, militar de destacada trayectoria.
En la guerra del Pacífico, como Sargento Mayor, fue puesto seguro en cada una de las acciones que se registraron, por ser parte del Cuartel General. Antofagasta, Pisagua, Agua Santa, San Francisco, Los Ángeles, Tacna, Arica.
Cuando se prepara la campaña de Lima, los servicios de Dardignac se trasladan al batallón cívico movilizado Caupolicán, con el puesto de segundo jefe,
La batalla de Chorrillos nuevamente contaba entre sus filas con un militar sereno y valeroso que alentaba a sus soldados no solo con sus instrucciones, sino que lo que es más importante, con el ejemplo.
El amanecer del día 15, y el rompimiento de la tregua por el ejército enemigo traería el final de una historia llena de heroísmo.
«La tranquilidad pacto se rompe el 15 de enero por las fuerzas peruanas, encontrando desprevenidas las de Chile, haciéndolas tambalear, pero lograron sobreponerse con el apoyo que llego a las tropas de avanzada, logran vencer y prácticamente aniquilar a las fuerzas apostadas en Miraflores.
No pocas vidas costo esta acción, uno de los personajes, aunque no muy conocido en la actualidad, pero que ya llevaba en su pecho varias acciones de guerra, el capitán Ramón Dardignac, al frente de hombres del Caupolicán «toca atacar la última trinchera invicta en la batalla decisiva de Miraflores.
Era una posición armada de cañones y fuertemente protegida por fusileros. Para llegar hasta ella debían recorrer un kilómetro bajo el fuego de balas y granadas del fuerte.
Extenuado por el dolor de su enfermedad, Dardignac se apeó del caballo y luego de arengar a su tropa caminó junto al comandante Canto, su jefe inmediato, a través de los potreros sembrados de alfalfa y plantíos de camotes. Tardaron dos horas en saltar, rodear o perforar las tapias, fosos, puertas, alambradas y tranqueras que obstaculizaban el paso.
Las minas explosivas causaban espantosa mortandad. Una bala como de advertencia rompió una manga de la guerrera del segundo jefe, sin herirle. Estaba ya a veinte metros de la fortificación, encabezando a un puñado de sobrevivientes, cuando al dar la orden de rodear la trinchera fue alcanzado por el disparo de un fugitivo. Rodó por tierra con la pierna derecha destrozada. Gritó:
-¡Me han herido! ¡Adelante!…
Mientras que a través del humo divisaba en lontananza las torres de Lima, tal como lo viera en sueños…
Conducido al hospital de sangre de Chorrillos, el héroe fue dado de baja con diagnóstico grave, e inmediatamente embarcado en el transporte Itata con destino a Valparaíso.
El lento viaje dio tiempo a que la gangrena hiciera presa en su organismo. Le fue amputada la pierna en el hospital de la Providencia y sobrevivió ocho días en medio de horribles padecimientos. Su cuerpo deshecho por la fiebre apenas abultaba debajo de la sábana.»
Muere el 3 de febrero de 1881 en Valparaíso y sus restos trasladados con el peso del dolor de un país, descansan hasta hoy en el Cementerio N ° 1.
Un hombre solo muere cuando se le olvida…
Por Mauricio Pelayo







