- La puesta en marcha de la Ley 21.735 implicó la adaptación de plataformas, integración de datos y coordinación entre múltiples actores del sistema previsional.
El inicio de 2026 marcó un hito para el sistema previsional chileno. De acuerdo con cifras oficiales, 1,3 millones de pensionados comenzaron a recibir los nuevos beneficios establecidos en la Ley 21.735 a través del Seguro Social, en un proceso que combinó cambios normativos, ajustes operativos y una compleja articulación tecnológica entre múltiples actores del sistema.
Los números indican que 640 mil personas accedieron al beneficio por años cotizados y más de 317 mil mujeres recibieron la componente por expectativa de vida. Más allá del impacto social de estas cifras, la implementación exigió una capacidad significativa de integración de datos, actualización de plataformas y coordinación entre organismos públicos, entidades reguladoras, AFP, compañías de seguros y proveedores tecnológicos.
En este escenario, la interoperabilidad y la sincronización de sistemas fueron determinantes para que los beneficios se aplicaran de forma automática, segura y en el calendario previsto, reduciendo trámites y fricciones para los usuarios. El procesamiento de millones de registros previsionales, la incorporación de nuevos cálculos y la validación de requisitos demandaron ajustes tecnológicos de alta precisión, con foco en asegurar continuidad operativa, trazabilidad y resguardo de la información.
“Este proceso demostró que la tecnología es un habilitador crítico de las políticas públicas cuando existe coordinación institucional y objetivos compartidos”, asegura Vanessa Malarin, directora de Productos de Previsión de SONDA. “La correcta integración de datos y la actualización de plataformas permitió desplegar los beneficios a gran escala, con foco en transparencia, eficiencia y oportunidad para las personas”, agrega la ejecutiva.
Desde el sector tecnológico, la implementación evidenció la relevancia de contar con infraestructuras robustas, capacidades de procesamiento masivo de información y equipos especializados capaces de adaptar sistemas en plazos exigentes. “Cuando hablamos de millones de personas y de recursos que impactan directamente en su calidad de vida, la precisión técnica y la colaboración entre actores no son opcionales; son la base de la confianza en el sistema”, explica Malarin.
La puesta en marcha de los nuevos beneficios previsionales confirma que las reformas estructurales requieren no solo definiciones legales, sino también una arquitectura tecnológica capaz de sostenerlas en el tiempo. En un escenario donde los sistemas previsionales enfrentan crecientes exigencias demográficas, regulatorias y de sostenibilidad financiera, la experiencia reciente muestra que la integración tecnológica, la gobernanza de datos y el trabajo colaborativo pueden transformar una política pública compleja en una experiencia concreta, simple y confiable para las personas.
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