Van a comenzar las clases y el verano todavía respira a carnaval. Queda algo de chaya pegada en el pelo, los últimos piqueros en el Saladero, las caminatas por Cavancha con el sol despidiéndose lento, como si no quisiera soltar el mes de febrero. Debe ser porque íbamos a tirar la casa por la ventana, ya que era el cumple de mamá. Esa fecha era sagrada. Se celebraba con piscola, vinito, y la estudiantina “Voces del Norte” cantando Isabelita, porteña bonita… y yo bailaba en medio del living como una condenada .
Añoranza por las bombitas de agua estallando en la espalda, la risotada batiente y la calle como nuestro gran reino. Nadie pensaba en la cotona ni en el jumper; el tiempo caminaba despacio. En la casa había un puro televisor, marca “Dayko”, instalado en el living como si fuera un altar. ¡Dos canales no más! Y la antena afirmada con tenedores y cuchillos en el techo para que no se moviera con el viento.
Los zapatos eran los mismos del año pasado y el chaleco pingüino también. La ropa interior y las medias en el “Bazar Obrero”. El jumper y la blusa en “Sacco Deportes”. Los cuadernos en la “Librería Julieta”. Los libros los regalaba el gobierno, porque iba en la escuela E-75, la ex Escuela 2, la misma donde estudió mamá y Anita Carvajal.
Pero el portón del colegio se abre. La sala está iluminada por ventanales altos con cortinas color durazno que dejan entrar una luz tibia. Los pupitres de fierro se alineaban con la tarea del día. Sobre cada mesa, un cuaderno abierto, un lápiz grafito, un estuche con sueños de colores. Oh, las mochilas cuelgan al costado como testigos silenciosos del regreso. Las corbatas y el corbatín intentan dar solemnidad a esos locos bajitos. Niños serios, otros sonríen sin parar. Es marzo. Y marzo siempre trae esa mezcla de asombro y resistencia de lo vivido en el glorioso.
¡Atrás!, de pie, la profesora Lilián, presencia firme, casi maternal. Ella representa el inicio formal de este nuevo año escolar. La pizarra verde se cubrirá de tiza blanca, cuya primera frase es “Bienvenidos queridos alumnos». Afuera, seguramente el auxiliar ya recorrió los pasillos temprano, abrió salas, barrió el patio, los baños, y dejó listo el proscenio. Aparecen los semaneros, la brigada del Tránsito, la brigada de la Cruz Roja, los desfiles, aniversarios, día de la madre, del padre, del alumno y del profesor.
Llega marzo, sin calendarios apurados ni vitrinas anticipadas. Con los aromas del olor a uniforme recién planchado, zapatos del año pasado lustrados con esmero, chalecos pingüino, un membrillo con sal en el recreo, jugar al cordel y aprender a escribir y leer. El colegio vuelve a convertirse en el centro del mundo, filas de los lunes, himno cantado a todo pulmón, el árbol del patio ofreciendo sombra. Los caballetes en educación física, esas caídas que dolían pero no te vencían. Cuantas veces quedé adolorida por mis saltos acrobáticos de poca monta. Los aniversarios con disfraces improvisados. El señor del carrito afuera, con dulces, caramelos y helados. Aún queda la vieja escuela, los profesores normalistas de orden, amor, vocación a la enseñanza, repasando pruebas, haciendo reforzamiento, revisando el cuaderno de caligrafía.
Y siempre, siempre, el reencuentro con los compañeros nuevos y los que ya crecieron.
Han cambiado muchas cosas desde aquel entonces. La tecnología aceleró el proceso creativo y de enseñanza. No obstante, existe algo que permanece intacto, como en esta imagen detenida en el tiempo. La emoción de volver a tomar asiento, el nerviosismo del primer día, conocer a la nueva profesora jefe, la sala asignada.
El verano se va, sí, pero no desaparece,se transforma en la antesala de un nuevo comienzo, entre el carnaval y los cuadernos, entre el mar que tranquilo nos baña y el pizarrón que se cubre de números y letras.
Y aunque todo cambie, como canta Mercedes Sosa con esa voz que viene de la Pachamama, hay algo que permanece intacto… la emoción del primer día.
Yo sigo siendo esa niña soñadora que cree en la bondad del mundo y que cada vuelta a clases es el comienzo de una nueva historia.
Sonia Pereira Torrico
Lilian Alvarez Guzmán







