Los éxitos y fracasos de nuestro querido Chile, a lo largo de su historia, ha forjado a nuestros compatriotas para enfrentar adversidades.
Vivimos una difícil situación, no solo originada en una pandemia que rebrota nuevamente, con nuevas variantes del maldito virus, sino que por una convulsionada situación política y económica.
Próximamente, en la segunda vuelta, se resolverá la disputa presidencial. Sabremos en definitiva si ganará la derecha o la izquierda. Aunque, independientemente de quién sea el elegido, el país muy probablemente continuará convulsionado.
Hay mucho en juego en las elecciones del próximo 19 de Diciembre.
Solo espero que nuestro Chile no se siga cayendo a pedazos.
Deseo fervientemente que a contar del próximo gobierno, definitivamente, veamos un golpe de timón en cuánto a solucionar los verdaderos problemas de la gente. Que, de una vez por todas, se resuelvan las reales problemáticas de las personas.
Como si fuera poco, debemos agregar que la delincuencia se ha desatado y a Chile se le empieza a conocer por la inseguridad de sus calles. Es cosa de recordar el caso del motociclista que estuvo a punto de asesinar a una conductora hace pocos días atrás, en la ciudad de Santiago. Cuasi asesino que anda suelto por las calles, por culpa de una justicia laxa y garantista.
La situación es compleja, no solo para los pobres y para la mal llamada clase media, aspiracional pero débil, sino que también para el empresariado y el segmento de la pequeña empresa tremendamente golpeada, todo lo cual rebota en la economía, por el hecho de que esta situación los hace entrar en un círculo vicioso, cuyo resultado es no crecer y no generar empleo.
Obviamente porque se frenan las inversiones, independientemente del nivel de riesgo de sus capitales.
Tendremos meses muy convulsionados, política, económica y socialmente, ya se aprecia, por lo que será muy necesario que los políticos y el gobierno estén a la altura, y que la sociedad en su conjunto se comporte civilizadamente, exigiendo sus demandas sin desmanes ni desordenes sociales, lo cual más que solucionar nuestros problemas, nos haría profundizar el camino hacia el abismo.
No se mal interprete, soy muy patriota y quiero a mi país, donde he desarrollado mi familia y mi profesión, sin embargo, se siente como un Chile que se cae a pedazos, un país que se desmorona. Un Chile débil, el cuál a pesar de todos los bonos, subsidios y medidas tomadas y entregadas por el gobierno, está igual de mal.
Confiemos que nuestro país, como en muchas otras oportunidades a lo largo de su historia, salga adelante y supere la frágil situación en que nos encontramos.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil U de Chile
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