Este viernes se cumplieron 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando integrantes de al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales y atacaron el World Trade Center y el Pentágono. El 11-S marcó un punto de inflexión para Estados Unidos: reordenó sus prioridades de seguridad, impulsó una respuesta internacional contra el terrorismo y dejó efectos políticos que se extendieron más allá de la emergencia.
Isidora Puga, académica del Instituto de Historia Uandes y experta en Estados Unidos, advierte que el ataque no surgió en un vacío. Antes de 2001 ya existían antecedentes como el atentado contra el World Trade Center de 1993 y el ataque al USS Cole en 2000.
EL GIRO HACIA UNA LÓGICA DE EXCEPCIÓN
Para Puga, una diferencia decisiva del 11-S fue su impacto mediático en tiempo real y el golpe directo al territorio continental estadounidense. A partir de ese momento, explica, Estados Unidos instaló una lógica de excepcionalidad: aceptar mayores restricciones a las libertades a cambio de reforzar la seguridad.
Esa respuesta también estuvo acompañada por una división entre aliados y adversarios. La especialista recuerda la lógica de “nosotros contra ellos” asociada a la administración de George W. Bush, que inicialmente se proyectó hacia el exterior, pero que con el tiempo también tuvo consecuencias internas: “con los años ha terminado volviéndose hacia adentro, hacia las sospechas del propio vecino”.
UNA HERENCIA QUE ATRAVESÓ GOBIERNOS
Puga sostiene que Bush había llegado a la Casa Blanca con una postura más cautelosa frente al intervencionismo estadounidense, pero que los atentados aceleraron un cambio en esa dirección. La política posterior al 11-S, sin embargo, no puede explicarse solo a partir de una administración.
Según la académica, Barack Obama llegó años después con una promesa de repliegue, pero durante su gobierno Estados Unidos llevó a cabo en Pakistán, en 2011, la operación que terminó con la muerte de Osama bin Laden, líder de al Qaeda.
Para Puga, esa continuidad muestra que el legado del 11-S fue más complejo que un solo giro presidencial. “Hay que tratar de resistir esa tentación de buscar una sola causa para explicar el mundo después del 2001”, concluye.







