Señor Director: Por mi trabajo hace años tengo que viajar entre Iquique y pueblos del interior. Ida y vuelta, hace ya 23 años. Entonces, algo he visto y comprobado y estoy claro que los accidentes ocurren porque la mayoría son pésimos conductores. ¿Y los buenos? Se salvan, pero somos insultados permanentemente.
En primer lugar, de acuerdo a lo visto en más de dos décadas, desconocen las normas básicas del tránsito. No las saben y si las conocen se ve que no las respetan. Creen que porque saben mover y frenar el vehículo, están aptos. Y no es así. Conducir bien es respetar el prójimo como a ti mismo.
En segundo lugar, se advierte inexperiencia. No saben la distancia que deben mantener entre uno y otro vehículo. No saben usar las luces en el cambio de pista y tampoco consideran que el asfalto siempre está mojado, especialmente en las mañanas por la enorme humedad que se genera durante toda la madrugada y que choca en el enorme «espaldar» de cerros que tenemos en Iquique. ¿Revisan o se preocupan de los neumáticos? ¿Revisan los frenos permanentemente? ¿Se preocupan de revisar los engranajes de las ruedas? Muchos de los vehículos son con cambio de volante.
En tercer lugar, la inmensa mayoría se levanta al filo de los horarios que deben cumplir laboralmente o por dejar a sus hijos en los establecimientos educacionales. Entonces, «vamos echando carrera» y unos «pegados» a otros. ¡Y pobre de los que van manejando prudentemente! Los tapan a garabatos, gestos groseros y bocinazos al por mayor.
En cuarto lugar, veo a muchos conductores «echando humo», con olor que no es de tabaco. Y no tiene nada que ver que sean conductores hombres o mujeres. La ineficiencia en el conducir es igual en ambos sexos. Incluso, muchas veces me han garabateado, por lo que mis hijos me recomendaron no abrir la boca.
Podría seguir indicando errores. Pero, de verdad, creo que es «por las puras». No hay caso, decía mi abuelita. Ayer y esta mañana, otra vez, hubo accidentes en la Ruta A-16 y en el segundo acceso.
B. Y. W.







