Se inaugura el primer cementerio de la comuna de Alto Hospicio. El recinto tiene capacidad para 1.931 sepulcros, su origen deviene del año 2014 con la presentación del proyecto por parte de exalcalde Ramón Galleguillos, luego el alcalde Patricio Ferreira, y gracias al apoyo del Gobierno Regional, encabezado por José Miguel Carvajal.
Alto Hospicio ya no está haciendo noticias por la pobreza, asesinatos, secuestros y balaceras en la toma llamada La Mula, que nació durante la pandemia, donde en marzo pasado se supo que operaba un brazo del Tren de Aragua.
Este cementerio le da un sentido de pertenencia a la comuna de Alto Hospicio. Como decía Maslow (1954), describe la pertenencia como una necesidad básica humana.
Oculto en el patio trasero de Iquique, Alto Hospicio es uno de los asentamientos más grandes del país, originado por tomas a fines de los 80. Empezó como una estación del tren, con una población menos de 100 personas. Hacia los años 1950, se instalaron en el lugar parceleros aymaras, provenientes del interior. El 12 de abril de 2004 se convirtió en comuna y recientemente inauguró un cementerio para el descanso eterno de las almas.
La historia arranca desde la primegenia del Puerto. El primer cementerio estuvo ubicado en el barrio El Morro, donde está hoy el Ministerio de Obras Públicas en las calles Serrano y Covadonga. El Panteón Católico se encontraba al inicio de la calle Barros Arana que corre de norte a sur y bajo los cimientos de la actual cárcel. El Cementerio Nº 2 se ubicaba donde hoy se encuentra la población «Jorge Inostrosa». Este desapareció en la década de los 60. Allí en sus fosas comunes fueron depositados los masacrados de la Escuela Domingo Santa María del 21 de diciembre de 1907. El cementerio N° 1 existe más o menos desde 1850, y el N° 3 ubicado en calle Salvador Allende con O’Higgins, fue fundado en 1908.
Alto Hospicio se localiza íntegramente en la cordillera de la costa, detrás de los cerros morenos, naciendo con la estrepitosa camanchaca y desembocando en un acantilado frente al inexpugnable Océano Pacífico.
Sus inicios se remontan con los changos quienes, luego del agotador ascenso desde la caleta de Ique-Ique ,a través de la denominada bajada de Huantaca, se detenían a descansar en esta pampa. El nombre de Alto del Hospicio se comenzó a utilizar desde mediados del Siglo XIX. En el boletín de la Guerra del Pacífico se hace una descripción y allí se dice “desde la cuesta (de salida de Iquique), donde hay un edificio llamado el Hospicio” que servía de posada o descanso para el agotado viajero y sus animales.
Producto de la explosión demográfica y de la escasez de viviendas se comienzan a originar en la década del 80, una serie de tomas en diferentes sectores de Iquique. La más importante pertenencía al sector de “El Colorado”. Tales llegaron a estos territorios, con el sueño de habitar y forjar una historia entre la pampa y el mar, desafiando la inclemencia del tiempo y la falta de recursos. Alto Hospicio hace noticia a las 10.30 horas aproximadamente del sábado 25 de enero de 1986, la pequeña localidad vivió el drama que cuesta la vida de 29 trabajadores de la planta Nº 3 de las industrias Cardoen S.A. La explosión se sintió hasta en Iquique. “La Estrella” del 26 de enero tituló en su portada: ¡Horrible Tragedia!
El crecimiento demográfico fue tal que el Estado reacciona con un proceso de urbanización y de regularización de la propiedad de los terrenos y de entrega de soluciones habitacionales. Así, Alto Hospicio pasó de los 50 mil habitantes de 2002 a tener 131 mil en 2018, según cifras del censo. Es la segunda comuna con más «tomas» en Chile, detrás de Viña del Mar.
Es una ciudad con bancos, colegios, municipio, plazas y estadio. Vive de la inversión minera y del comercio.
Hace unos 30 años no había nada más que desierto. Hoy se suma un cementerio, para que las familias hospicianas puedan dejar a sus seres queridos y orar por el descanso eterno. Un mañana donde las gentes se multiplicarán por doquier, entre claveles e ilusiones, cargadas para bendecir y acompañar al ser querido. Los rayos del sol indómito rodearán este nuevo lugar de oración, otorgando seguridad y pertenencia. Cánticos, rezos, silencios, diálogos trazaran el laberinto en una comuna que surgió de la necesidad, y la carencia, cruzando por episodios tan lamentables como la explosión de Cardoen y el asesinato de las Reinas de la Pampa. Muerte y luto vistió el alicaído Hospicio por muchos años, una canción que deambulaba como alma en pena en suelos de familiares y vecinos.
Las heridas quedan abiertas, es insoslayable negar los orígenes de lucha y sacrificio de miles de familias. Sin embargo, el trabajo genera los frutos, y consecuencia de los caminos escritos por los ciudadanos de Alto Hospicio.
Sonia Pereira Torrico
Fuente: Libro «Breve Historia de Alto Hospicio».







