Lugares que hablan por sí solos, que están en la memoria colectiva, como es el motel “El Trauco”, que quedaba en Cuarta Sur (hoy «Diego Portales»), entre «Salvador Allende» («Soldado Pedro Prado») y «Galvarino», motel «El Volcán», ubicado en el del Terminal Agropecuario. El cual actualmente está a la venta, y se le recuerda por el eslogan publicitario: “La erupción comienza cuando usted llega”. El otro famoso motel, primero en instalarse en Bajo Molle fue el lujurioso «Palo de Rosa». Otros que la gallada recuerda con pasión son el «Tsunami», «Eclipse», «Luna de miel», «Flamingo» y el «Geisha».
Bueno, «El Trauco» quedaba frente a una capilla, al costado de lo que fue la «Quinta Monroy». Este rinconcito del amor era el más pituco, llegaban los «colectivos Pony» con infieles, amantes y esposos a consumar el acto prohibido, después del atraque o la ardiente prueba de amor. Sus dueños, argentinos. Unos tíos en innumerables veces fueron a desatar su amor a las fogosas cabañas. En una oportunidad encontré una boleta pegada sobre el tocador de mi tía. Sin lugar a duda, fue un lugar que marcó la vida de varios tortolitos, aunque se cuenta que las anécdotas eran pan de cada día. Como por ejemplo, la chiquillada que venía de una escuela cercana de regreso a casa, aprovechando de mirar un poquito más al interior de la cita de amores clandestinos. A cuantos se le quedó la llave u otra pertenencia y tuvieron que esperar que el próximo idilio se consumara. Accidentes en esa esquina, varios, un atropello o choque asustaba la velada romántica de los enamorados y el brindis con piscola, gin o cognac Tres Palos. Imagínense en un Iquique pequeño, donde todos eran amigos y conocidos, para no ser descubiertos, debe haber sido una odisea y una gran proeza deportiva.
En el glorioso casco histórico, se ubicaba en la esquina de calle San Martín con Ramírez un «motel» de antología, me refiero al «José Luis», con barrotes en las ventanas, para que ningún cliente arrancara sin pagar la cuenta. Así mismo, se ingresaba por Ramírez y se salía por San Martín, la idea siempre era salir desapercibido, sin ser sorprendido por algún conocido o por la señora, que de seguro no se iba a quedar callada con la sorpresa y en un minuto, todo el barrio iba a estar comentando el idilio ese, con aroma a Coral, Denim y Colonia Inglesa. Los cuellos y puños manchados con labial, se convertirían en una pesadilla para todas las madrecitas de la época, que no decían ni pío en un principio, pero que esperarían el momento exacto para dejar la tole tole. Me dio julepe esta situación, yo no he vivido esta alta traición de amor, al menos no me he enterado hasta el día de hoy. ¡Uf! qué miedo, se me viene a la memoria, vislumbrar desde los ojos de una niña, a una mujer tirándole todas las pilchas al marido infiel. Las palabrotas y garabatos estaban a merced y la verdad no entendía nada, sólo escuchar con eco desde el puerto hasta Cavancha : ¡El que la hace la paga!
En Bajo Molle, donde no volaba ni una mosca, no había construcciones, elefantes ni condominios, existía el popular motel «Palo de Rosa» junto a otras discotheques. Había que llegar en auto o radio taxi, porque estaba re lejos. En la época universitaria,varios lo conocimos después de ir a bailar al «Kamikaze», «La Caldera del Sabor», el «Club cerebro» y obvio la prendida «Anakai». Su dueño tenía también una botillería del mismo nombre, que existe hasta el día de hoy. Después se instalaron el motel, «Luna de Miel» y «Geisha». Aunque la clientela prefería sin cuestionamientos al «Palo de Rosa», por sus cómodas habitaciones, cine subido de tono y atractivos espejos para verse mejor y encender aún más el calor de la bohemia iquiqueña.
Y por último no podía olvidarme de uno especial, quizás el que más recuerde el Iquique de antaño. Me refiero al motel » El Volcán». Cuyo eslogan publicitario lo anunciaba el querido «Chin chin» en la radio: «La erupción comienza cuando usted llega» y «Donde nadie te ve». Considerado por los artistas y parroquianos, como el mejor eslogan de todos los tiempos. Es más, continuaba diciendo que los mayores de sesenta y setenta años tenían un considerable descuento. Debo confesar asistir a este nido de amor, cuando las monedas eran escasas y obvio este motel era económico. Bueno, lo demás es historia, con un bolsillo pobre y con un pololo enamorado, tal cual el niño que enloqueció de amor.
A muchos no le alcanzó el presupuesto para un motel e iban a la «avenida del confort», (hoy avenida Bilbao) o a desatar sus más bajos instintos en «Playa Huayquique».¡ Qué risa! Varios me comentaron ser sorprendidos «in fraganti» por carabineros. ¿Cuántos hijos fueron concebidos en la playa, en el cerro o en estos sagrados moteles?. Y actualmente alimentan la llama del amor en la «Caleta Los Verdes», probando el atómico «Rompe catre», un mariscal frío, compuesto por 9 mariscos transportados directamente por «Poseidon» al paladar. loco, pulpo, jaiba, camarón, ostión, chorito, cholga, almeja y macha. Un pebre, más una salsa llamada » Chimuchina» se suman a este banquete inigualable, para re chuparse los dedos.
Jóvenes y parejas se recuperan a diario de la intensa noche iquiqueña, otros para sucumbir y entregarse a las manos de Eros en un pequeño motel, donde no existe el reloj, juntando piel con piel y amando sin condición.
Sonia Pereira Torrico







