Señor Director: En tiempos de tristeza y desaliento, celebramos una noticia que trae esperanza y comunión a nuestro país: La aprobación de la Ley Nacional del Cáncer.
“Tener cáncer” genera miedo por la posibilidad de muerte, incertidumbre sobre el proceso a vivir, angustia por el impacto económico, laboral, familiar que conlleva, temor frente a la posibilidad de no poder acceder a los mejores tratamientos. Deja a la persona expuesta en su vulnerabilidad, develando necesidades existenciales y espirituales, además de la inversión de tiempo, energía, recursos sociales y emocionales, que podría provocar agotamiento y otros problemas adicionales.
Valoro que, entre los principios en que se centra esta ley, está el fomento de la participación ciudadana y de organizaciones de la sociedad civil, ya que los significados de las experiencias vividas por personas y familiares son relevantes a considerar en la formación de propuestas de mejora. Así también, valoro el principio de humanización del trato, lo que enfatiza las necesidades afectivas y espirituales que surgen en una situación de crisis, siendo estas necesidades tanto de pacientes, como de los profesionales que acompañan en este proceso.
Ante esto, será aún más relevante la preparación y capacitación formal de los profesionales, no solo en la atención de salud oncológica, sino también en contemplar programas de capacitación o acompañamiento para las familias, tal como lo consideran el artículo Nº 3 y Nº 4 de esta Ley.
Irene Muñoz Pino
Académica Especialización en Enfermería Oncológica U. Andrés Bello






