Señor Director: Cierto día, hace muchos años, un hijo llegó con un pedazo de un cactus. Alguien lo había cortado y arrojado en un sitio eriazo, cerca de la casa.
Era apenas un pedazo de unos 30 centímetros. Lo plantamos en el patio. Han pasado muchos años y ahí está dando flores maravillosas, especialmente, en el verano. Y, lo mejor, nacieron otros.
En la vida no todo es malo. La Madre Naturaleza aún es capaz de maravillarnos. Sólo es cosa de cuidar lo que realmente no tiene precio.
Maximiliano F. Sch.








