En Alto Hospicio, un recinto informal de acopio de metales parecía ser solo otro punto de chatarra en el desierto. Sin embargo, el movimiento de un camión cargado hasta el tope delató que ahí se movía algo mucho más valioso que simples desperdicios. En un operativo, detectives de la Brigada Investigadora de Robos (BIRO) de la PDI Iquique interceptaron una carga de cables eléctricos que, minutos antes, circulaba como parte del oscuro mercado del «oro rojo» en Tarapacá.
La escena fue de flagrancia pura. Mientras los detectives fiscalizaban el lugar, el ingreso del vehículo pesado encendió las alarmas. Tras remover las lonas, la sospecha se hizo certeza: Cientos de metros de cables de cobre, en distintos formatos y con el desgaste propio de haber sido arrancados de la red pública, brillaban bajo la carga. El conductor, incapaz de explicar de dónde venía el material o quién era el dueño, terminó en silencio y con las esposas puestas por el delito de receptación.
$22,5 MILLONES
No se trataba de un robo menor. El pesaje arrojó una cifra contundente: 4 mil 500 kilos de cobre. En el mercado negro, este cargamento está avaluado en más de 22,5 millones de pesos. Pero más allá del dinero, el daño es social. Según los primeros peritajes, el material pertenece a empresas del sistema eléctrico regional; es decir, son los cables que mantienen encendidas las casas y operativos los servicios básicos de la zona.
Este golpe no es un hecho aislado. El robo de infraestructura crítica se ha vuelto el nuevo botín del crimen organizado en el norte del país, donde bandas especializadas desmantelan el tendido eléctrico para alimentar un mercado clandestino en alza.
Por ahora, el detenido espera su control frente al Ministerio Público, mientras la PDI sigue la pista de los «compradores» finales. La investigación sigue abierta: las 4.5 toneladas de cobre ya están bajo custodia.







