Cada 1 de octubre, el Día Internacional del Café invita a reflexionar sobre una de las bebidas más consumidas y apreciadas en el mundo. En el caso de las personas mayores, suele surgir una duda frecuente: ¿es recomendable seguir tomando café después de los 60 años?
La evidencia científica actual indica que la edad, por sí sola, no es una razón para abandonar este hábito. Diversos estudios han asociado el consumo moderado de café con beneficios como una menor mortalidad, un menor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades neurodegenerativas, además de una mejor capacidad de alerta y concentración. Por ello, en personas que lo toleran adecuadamente, puede formar parte de una alimentación saludable.
Sin embargo, no todos responden de la misma manera a la cafeína. Con el envejecimiento, el sueño suele volverse más liviano y fragmentado, por lo que consumir café durante la tarde o la noche puede dificultar el descanso. Asimismo, algunas personas pueden experimentar palpitaciones, nerviosismo o molestias digestivas.
También es importante considerar la interacción con ciertos medicamentos de uso frecuente en adultos mayores, como la levotiroxina o algunos tratamientos para la osteoporosis, cuya absorción puede verse afectada si se consumen junto al café.
La clave no está en eliminarlo, sino en consumirlo con moderación y según las características de cada persona. Entre una y tres tazas al día suele considerarse una cantidad adecuada para la mayoría de los adultos sanos. Para quienes presentan sensibilidad a la cafeína o problemas de sueño, el café descafeinado puede ser una excelente alternativa.
Más que prohibiciones generales, después de los 60 años se necesitan decisiones informadas. Escuchar al propio cuerpo y buscar orientación profesional cuando sea necesario permitirá seguir disfrutando del café de forma segura y compatible con una vida saludable.
Javier Maruri
Académico Escuela Medicina Universidad Andrés Bello







