Por estos días comienza a tomar más fuerza la lectura del trabajo realizado por la Convención Constitucional, que se encuentra circulando por diversos medios a lo largo y ancho de nuestro país. El texto difundido por internet, por diversas librerías y kioscos, es aquel que fue entregado al Presidente de la República, el 4 de Julio del año en curso.
Abordar su lectura es tarea de cada ciudadano. Como consejo, resulta mejor comprensión lectora, si lo hacemos por capítulos, especialmente, para quienes somos lentos en leer y no somos de inteligencia privilegiada en lectura rápida. Para tener en cuenta, tampoco, sirve detenerse más de lo necesario, para entender un determinado artículo con palabras técnicas. Es mucho mejor tener una visión general de la estructura del párrafo en cuestión, casi siempre están presentes criterios normativos y/o descriptivos.
A mí me pasa frecuentemente. Cuando no entiendo un término o palabra, simple, la anoto. Recuerdo, guardando las distancias, que una vez leyendo una de las obras de Gabriela Mistral, anote cerca de diez palabras y en el diccionario aparecieron solamente como tres significados. Entonces, anotemos en una hoja de cuaderno las palabras y/o términos que no entendamos. Después, consultamos en el diccionario de La Lengua Real Española.
Ahora estas recomendaciones, están demás para los profesionales y gente de gran bagaje cultural. También, para aquellos que tienen una gran comprensión lectora. Hay personas de brillante trayectoria académica, de buen recorrido y experiencia nacional e internacional, por ejemplo, en: Derecho, Historia, Ingeniería, Lenguaje, Economía y Justicia. Verdaderas luminarias que pasan hacer una extensión valiosa en la construcción del futuro de Chile.
Entonces, resulta muy oportuno, salir al paso de la campaña del terror de la derecha ultraconservadora. Hace rato que los Constituyente fueron elegidos/seleccionados democráticamente. Nadie puede quejarse y negar las representatividad de género y de los pueblos originarios. De igual forma, no se quedaron atrás los partidos políticos y los independientes. En su oportunidad en el plebiscito de entrada, el pueblo no quiso una Constitución elaborada por la clase política.
Fueron electos personas muy capaces, idóneas y de amplio conocimiento en la historia Constitucional de Chile. Pero no por alguna conducta indebida de un constituyente o por una declaración política errática de otros, se tiene que desmerecer el notable trabajo realizado por la Convención Constituyente. Una tarea gigante e importante que se ajustó plenamente a las normas establecidas para su funcionamiento.
Aquí no existió veto para nadie. Las regiones participaron y su voces fueron escuchadas. Diversos sectores de la vida administrativa del estado, pública y privada, tuvieron sus espacios donde alzaron sus opiniones. Desde esta perspectiva, el trabajo de los Constituyentes tuvo dos grandes valores que honran nuestra República: a) transparente y b) fehacientemente democrático.
Claro, las noticias falsas hacían su labor destructiva. Incluso se repetían no solamente, por medios de prensa escritos, sino por ciertos programas radiales. Estas noticias falsas conocidas como “fake news” eran el mismo infierno desatado en las redes sociales. De este modo, el “Rechazo” tomaba delantera sobre el “Apruebo”; todavía estando en deliberación y construcción la nueva Carta Magna. Difundían y daban por cierto, cada barbaridad, interpretaciones antojadizas y sacadas de la perversa ideología fascista. Es lo que se llama propaganda negra.
Pero, todas estas sucias maniobras políticas, con la propuesta definitiva de la Nueva Constitución, sepulta a la del 80. En la medida que el pueblo lea y se informe más de su verdadero contenido y alcances, entonces, avanzará el “Apruebo”. Mientras seguiremos “bombardeados” por encuestas interesadas en hacer resucitar el modelo neoliberal fáctico en crisis.
Qué busca la derecha hoy al proponer ciertos cambios de quórum en el Congreso para modificar la fenecida Constitución del 80. Levantar una cortina de humo para que la ciudadanía se reste al “Apruebo” y pise el “palito” cayendo en la vieja trampa que tendremos más prosperidad por ese camino; truncando que el pueblo tenga poder con una nueva Constitución.
Esta es la gran problemática de fondo y que nos divide a los chilenos. ¿Seguirá el poder en manos de una minoría perteneciente a la burguesía política o muy por el contrario se traspasa este poder a la voluntad popular, a un verdadero ejercicio de la democracia, a las regiones y construimos un futuro mejor para Chile?
Con que me encuentro ahora. Un grupo de 6 destacados profesionales, todos ellos de prestigio nacional y con destacados currículum publicaron recientemente un libro donde abordan las materias constitucionales. A mi parecer tienen sus orígenes de la derecha prudente y democrática. Levantan una propuesta, a mi juicio, tardía pero que enriquece el debate. El libro se denomina “1925” Continuidad republicana y legitimidad constitucional. Interesante.
En este mismo traje que maximiza el próximo devenir de un nuevo amanecer de nuestro amado Chile y su cielo azulado, brillan sus esplendorosas estrellas, su grandioso océano nos abraza en el llanto silencioso y su hermosa cordillera fortalece nuestros corazones. Me levanto con el amanecer de mi vejez, tengo en mi mano el libro de Gabriel. Salazar, “Dolencias históricas de la memoria ciudadana,
(Chile, 1810-2010). Despeja mis dudas razonables y me abre los ojos en estos días de esperanzas y alegrías… Lo recomiendo a ojos cerrados.
Nelson C. Mondaca Ijalba
nmonijalba@gmail.com
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