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Chilenidad, por Sonia Pereira Torrico

10 septiembre, 2023
en Columnistas
Chilenidad, por Sonia Pereira Torrico
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Gracias a ti, viejita hermosa, que he conocido Chile entero. Cada región se viste de un canto distinto, los acordes varían de una zampoña hasta un sureño acordeón. La elegancia de la cueca de salón no le quita la importancia a nuestro cachimbo de corazón. El gorro de lana te quedaba bien mamá trigueña, era lindo aplaudir con el hermanito, el ritmo de un vals chilote o una tonada.

Que ganas de viajar por nuestro largo y angosto país, lo quiero escribir antes de morir, quizás me quede saboreando una «empaná» de horno con pebre cuchareado por ahí.

Los aromas y sabores me evocan a la infancia afirmaba Pedro Lemebel, yo también coincido en ese punto, de volver inexorablemente a los tiempos de la infancia, quizás porque nací en Iquique, y por la nobleza de su gente, fui una niñita feliz jugando al trompo, elevando un volantín, jugando a tirar la cuerda, llevando la cuchara con la papa, jugando a la gymkana, la carrera de carretilla y el emboque.

Por estás fechas, mamá ya tenía comprado en el terminal agro o con los ambulantes, los adornos de fiestas patrias. Me gustaba mirar al techo, así como pellizcando la luna. Las piñatas eran mis favoritas, también el diez lucas; un monito de verdad que se colgaba en la lámpara con un pedacito de huevo duro. Las luces navideñas también me gustaban porque me hacían creer que mi casa se vivía una eterno carnaval. No soportaba que las apagaran , la caída del telón, me provocaba un silencio, un receso. Afortunadamente, un gol de Iquique, el carnaval, el bombo tiraneño, la fiesta de San Lorenzo, el 21 de mayo y el 18 con las banderitas chilenas colgadas a lo largo de la casa desacían este terrible incierto . Aún sentía el frenesí de mis pies con los bailes en la plaza Arica. Ahora debía practicar con mi hermano los tres pies de cueca consentida que nos enseñaron en el club Los Copihues de calle San Martín. Con mis amigos estábamos ansiosos por participar en los juegos populares organizados por la junta de vecinos del barrio El Morro. El espacio por devoción era el sitio eriazo del ex regimiento Granaderos. Estos terrenos baldíos retomaban nuevos bríos con tanto chiquillo y volantín perdido. El eco del silencio converge con el sonido de cometas y pequeños pájaros de papel que caían por el hilo curao. En el cole, la señorita Diana ordenó un diario mural con ilustraciones de icarito. También un acto cívico con poesía, baile y canto estremecido. El himno nacional lo cantábamos bien pronunciado sin viciar el wuelasilo o el yolatumba contra la opresión. Aunque los más traviesos, lo decían igual, con tal de reír de buena gana y dejar la mansa embarrá. Pero yo quería estar en mi casa, colocando las banderitas por la orilla. La única música que entraba por mis oídos, la cueca del guatón Loyola, el cachimbo, la guaracha y la tonada. El programa » Aquí folclore» es el favorito del mediodía. Yo esperaba ansiosa a la señora del locutor y su dulcecito  «Aquí folclore». Aaaw se me abrió el apetito, quiero comer chilenitos. Aaaw me dio sed, quiero un jugo helaito de mote con huesillo. La mesa larga está re bonita con el asado de carne, pollo y chancho de alto hospicio. Lo acompañaba las clásicas papas a la huancaína y el arroz blanco iquiqueño.

Nos vamos a las Ramadas con el familión, a calle cuarta con héroes, a jugar lota, al cuye curao , las argollas, los gatos porfiaos y a bailar cueca y más cueca, comiendo empaná y un anticucho de llamo. Mi mamá me cuenta que por aquí mismo pasaban los aviones y los autos se detenían para el aterrizaje forzoso. Yo le respondo, no te puedo creer. Y mis hijas me dicen lo mismo hoy, caminando por el mall y el nuevo supermercado.

Que privilegio era tener este vasto espacio sin elefantes para celebrar la chilenidad, aunque también era ocupado por circos y atracciones mecánicas en la posteridad.  Serán varios días de celebración, para ganar un tarro de durazno con la lota de los picados.

Me gusta la fiesta, me gusta celebrar la chilenidad, escuchar a Calatambo , el cachimbo de Tarapacá,  bailando y cantando como una condená, pásame el pañuelo, toca la guitarra, dejame tranquilita , pa´zapatear el rin, ja, ja.

Sonia Pereira Torrico

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