Este lunes 1 de marzo, comienza el año escolar período 2021. Fin de las vacaciones, retorno a clases. La decisión del Ministerio de Educación está en marcha. Los principales actores a nivel nacional, fueron invitados oportunamente a una mesa de trabajo para abordar esta materia rechazada por varios gremios importante del país.
Me resulta difícil asumir una postura por ser un tema muy sensible a la seguridad humana. Pero, cuando hay que tomar decisiones, cada ciudadano, tiene el legítimo derecho a tener una opinión y optar por un camino. Teniendo presente que vivimos un tiempo de crisis sanitaria, económica y política.
La vuelta a clases es un hecho irrefutable. Nos guste esta medida o simplemente la consideremos un verdadero desatino. Lo cierto, es que debemos hacer frente a esta triste realidad en un período del reinado de la pandemia del Covid-19. Con o sin vacunas, sigue estando y estará presente en Chile y en el mundo. Los riesgos de los contagios, con el tiempo, entre más inoculados existan, las cifras de enfermos críticos van a disminuir. Asimismo, el número de contagiados activos proporcionalmente disminuirá.
Tengo, más de una razón, que se anida en mis pensamientos, por la vuelta a clases, sí o si, por el modo presencial. Al escudriñar mis libros, se presentan a mi memoria éstas importantes palabras “Las cosas de la vida siguen su rumbo, pero no te dejes llevar por su destino” de Gabriela Mistral. No se trata de sacarlas de un contexto histórico para ponerlo sabiamente en otro totalmente distinto. Con la honestidad del corazón. El amor por la enseñanza parte desde el mismo momento que se intentan cumplir con los objetivos personales trazados en la vida como una vocación. Un profesor(ra), es un maestro(ra), no para estar ausente de su aula escolar. La generación de este ambiente social, el aula o sala de clases, conlleva la esencia del desarrollo de la humanidad.
El mundo de hoy es otro y por muy distinto que sea, jamás una clase virtual o telemática será de la misma magnitud humana, cultural y social de la relación “cara a cara” de una sala de clases. El compañerismo, la amistad y otros valores intrínsecos, no se cultivan detrás de un computador y de un tablet con profesor a distancia.
Además, mantener clases virtuales, implica asumir otros riesgos para los educadores, especialmente, pues deben concurrir a los hogares de los alumnos que no cuentan con estas herramientas tecnológicas para dotarlos del material pedagógico correspondiente a sus ramos de clases. Paralelamente, las plantas del personal imprescindibles docentes y administrativos, deben continuar su trabajo diario y mensual; cumpliendo los planes educativos del año, correspondientes al establecimiento ante el Ministerio de Educación.
Es decir, las funciones rutinarias en los establecimientos educacionales, sean de la naturaleza que sean: Municipalizados, particulares subvencionados o particulares, bajo la Pandemia son otras. Pues, demandan responsabilidades nuevas y ponen a prueba la verdadera capacidad del establecimiento educacional.
A mi humilde entender, los jardines infantiles, las escuelas, liceos y universidades, se deben a los niños, adolescentes y jóvenes, de ambos sexos, velando con sacrificios que estén al lado de sus profesores(as) aprendiendo de las materias implícitas en cada curso. La anécdota, el canto, la poesía, la danza, y otros eventos. La palabra bien escrita, los números simples y complejos son y serán una tarea de hoy, de mañana y del futuro. Los párvulos, los estudiantes de enseñanza básica, media y universitaria, no son mercancías y objeto de instrumento mercantil.
Todos estos alumnos necesitan hoy más amor, amistad y alegrías que nunca. Son almas en crecimiento y en pleno desarrollo, por eso, en estos instantes, así como los que trabajan en salud corren riesgos, los profesores(ras) que están en la primera línea, no son ajenos a esta responsabilidades de sociedad y de país. Incluso más allá del Gobierno del Presidente S. Piñera.
Los establecimientos educacionales, siempre deberían tomar las medidas de prevención sanitaria e inculcar estos hábitos exigidos en un protocolo escolar, a toda la comunidad escolar, manteniendo una zona libre de contagio. Un personal atento para evitar aglomeraciones, mantener el distanciamiento personal, el uso permanente de la mascarilla, bien puesta. No olvidar el frecuente lavado de manos. Todo esto, ya lo sabemos. Pero por sabido, muchas veces lo olvidamos.
La mantención del aseo general debe ser más prolijo con la debida sanitización del establecimiento. ¿Estaremos más seguros? Claro que sí.
Ojo, cualquier apoderado y alumno se puede contagiar, cuando tiene que trasladarse de un lugar a otro, especialmente, si se utiliza transporte público. Ésta es una vía de contagio. Pero, tal riesgo lo corren todos los que tienen que trabajar y se encuentran en las mismas condiciones que cualquier ciudadano normal, es decir, como la mayoría de los chilenos.
Por otro lado, también, se habla de una solución mixta. Que incorpore las clases virtuales y las clases presenciales. Gran idea. Me gusta. Además, no es obligatorio para los apoderados la matricula en algún establecimiento y puede tener la opción de abstenerse de enviar a su hijo/a, a un colegio determinado. Mejor opción no puede haber.
Para vencer a la Pandemia, todos somos parte y para vencer las desigualdades todo comienza con la Educación… Sí hay que correr un riesgo, lo correré cuantas veces sea necesario.
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