Proyectos Energéticos, de Agua Desalinizada, de Transmisión Eléctrica; todos proyectos de difícil desarrollo, fundamentalmente porque son iniciativas de gran envergadura y que -por sus localizaciones geográficas- producen impactos medioambientales y humanos, los cuales han generado -en la gran mayoría de los casos- fuertes rechazos de parte de las comunidades y dificultades en su implementación.
En efecto, desde hace algunos años, a través de los medios de comunicación de la región, nos hemos enterado de estas dificultades.
El tema no es para nada fácil.
Muy por el contrario, es extremadamente complejo, pues debe conjugarse la necesidad de desarrollo económico con el cuidado del medio ambiente y el respeto por las comunidades y sus ancestrales costumbres.
La ecuación matemática a resolver es cómo llevar adelante un proceso de desarrollo regional balanceado (en el que se necesita disponer de proyectos energéticos relevantes), con la participación de las comunidades donde esos proyectos se desarrollan.
Frente a este gran dilema, se han esbozado algunas ideas de parte de expertos y políticos del país.
Algunos han manifestado mayor participación; otros, sólo consideración por las costumbres e idiosincrasia de las
comunidades, unos pocos, participación en el negocio. Y los constituyentes el tratamiento a través de la propuesta de Constitución.
Sobre el tema comentado, existen grandes experiencias en otros países del mundo, donde las comunidades originarias y el desarrollo económico, convergen de una manera potente, fomentando el desarrollo, en vez de frenarlo.
Me refiero a Nueva Zelanda, Canadá, Australia, etc., países donde los sectores de energía y minería se han desarrollado de la mano de las comunidades, de una forma amigable y eficiente. Y muy potente, sin conflictos de antaño.
Creo que ambos actores son tremendamente necesarios; las comunidades y los inversionistas. Los grandes proyectos de inversión deben convivir adecuadamente con las comunidades y, evidentemente, éstas deben tener conciencia de que los proyectos son necesarios e imprescindibles para su propio desarrollo.
El peor de los mundos, sería que los proyectos no se realicen (el país y las regiones los necesitan). El tema consiste en convivir, en un contexto social diferente y más exigente para las empresas.
Hoy se debe tener presente que, dentro de los estados financieros de los emprendimientos, hay que considerar una proporción importante para el desarrollo comunitario, así como ya lo hacen algunas empresas de la región.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil






