La reciente serie de Copa Davis entre Chile y España dejó un resultado contundente: un 4-0, apenas un set ganado y el fin de un largo invicto como local. Sin embargo, no debemos olvidar que el tenis es un juego complejo y que todo resultado responde a múltiples factores: el momento de cada jugador y, por supuesto, lo que hace el adversario.
Estamos en un nivel de samuráis. Todos poseen recursos, experiencia y deseo de ganar. Finalmente, se impone quien logra jugar mejor ese día: quien sostiene la presión, permanece conectado con el presente y aprovecha cada oportunidad. Esta vez fue España, y reconocerlo no disminuye el valor ni la trayectoria de nuestros jugadores.
El marcador describe lo ocurrido, pero no define a las personas. Perder un partido no convierte a un deportista en perdedor, así como ganar tampoco garantiza superioridad permanente. Por eso debemos evitar etiquetar o valorar a jugadores y equipos únicamente por sus resultados.
Si queremos construir confianza, necesitamos analizar con honestidad aquello que debe mejorar, pero es clave reconocer las fortalezas desde las cuales avanzar. La autocrítica es útil cuando permite identificar conductas modificables; deja de serlo cuando se transforma en descalificación.
Como en la vida, cada experiencia puede prepararnos para algo mejor si somos capaces de incorporar sus aprendizajes. El desafío es aceptar el dolor, recuperar el equilibrio y volver a jugar con disposición física y psicológica, para entregar nuestra mejor versión.
Competir no es solamente ganar. Es enfrentar la presión sin dejar de jugar, aprender de los errores sin convertirse en ellos y perseguir nuestros objetivos sin perder el centro.
Dra. Paula Ortiz
Directora académica Instituto del Deporte y Bienestar Universidad Andrés Bello







