Las expectativas pueden mover inversiones, generar confianza y devolver esperanza. Pero cuando avanzan más rápido que los resultados, provocan frustración. Y cuando esa frustración se prolonga, puede transformarse en decepción y rabia. A siete meses de iniciado el Gobierno, miles de chilenos siguen esperando tres cosas sencillas: encontrar trabajo, que la plata alcance y poder caminar tranquilos por la calle. No piden milagros, sino señales de que el país avanza y sus problemas siguen siendo la prioridad.
En Tarapacá esas preocupaciones tienen rostro propio. El desempleo llegó al 8,5% y la informalidad al 29,8%. Aunque la ocupación regional creció, persisten dificultades para generar trabajos formales y con protección social. Esta semana, camioneros protestaron en Iquique por el alza del diésel. Para ellos representa mayores costos; para las familias, el riesgo de nuevos aumentos en los productos que consumen.
La seguridad también demuestra que los promedios nacionales no siempre reflejan nuestra realidad. Durante el primer semestre, la tasa de homicidios del país disminuyó 11,5%, mientras en Tarapacá aumentó 78,9% respecto de igual período de 2025. La visita del ministro Martín Arrau y su encuentro con autoridades y gremios constituyen pasos necesarios, pero su verdadero valor se medirá en resultados concretos.
A nivel nacional, la desocupación alcanzó el 9,8% y el número de personas ocupadas disminuyó 1,1% en doce meses. Entre enero y septiembre, la inflación acumuló un 4,0%. Aunque los precios suban más lentamente, eso no significa que vuelvan a sus niveles anteriores. Según Cadem, el 41% de los consultados declara que sus ingresos mensuales alcanzan para tres semanas o menos. Ahí se comprende por qué las promesas económicas encuentran impaciencia.
También hay noticias positivas que sería injusto ignorar. El Imacec no minero creció 1,4% anual en agosto, el comercio avanzó 2,7% en septiembre y las remuneraciones reales aumentaron 3,4% en doce meses. Son señales favorables, aunque sus beneficios todavía son desiguales y no pueden atribuirse íntegramente a siete meses de gestión.
En ENADE 2026, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, entregó antecedentes que permiten mirar el futuro con mayor optimismo. Durante los primeros siete meses de Gobierno ingresaron a evaluación ambiental 151 proyectos por US$39.200 millones. Además, la cartera de inversión privada contempla US$76.000 millones para los próximos cinco años, con unos US$20.000 millones previstos para 2027. No son inversiones ya ejecutadas: su materialización dependerá de permisos, plazos y condiciones económicas.
Hacienda proyecta que la inversión crecerá 8,1% en 2027, casi cinco veces el promedio anual de 1,7% de la última década, mientras la economía se expandiría 3,3%. Es una perspectiva alentadora que podría marcar un cambio de tendencia. Pero su verdadero éxito se medirá en empleos formales, mejores ingresos y mayores recursos para atender necesidades públicas, incluida la seguridad.
La inteligencia artificial agrega otro desafío. Mientras los mercados internacionales exigen rentabilidad a las grandes inversiones tecnológicas, la Encuesta Bicentenario UC reveló que el 68% de los consultados cree que esta tecnología destruirá muchos empleos. Es una percepción, no una predicción, pero refleja una preocupación real. Chile necesita preparar a sus trabajadores y pequeñas empresas para aprovechar esta transformación.
La misma encuesta mostró que quienes consideran que el Estado debe responsabilizarse del bienestar de las personas aumentaron del 28% al 43% en un año. No significa necesariamente un cambio ideológico. Puede reflejar algo más profundo: cuando las personas sienten que su esfuerzo no alcanza para progresar, comienzan a demandar mayor protección y respuestas concretas.
Y aquí aparece una de las advertencias más importantes de esta semana. La nueva encuesta Criteria reveló que el 54% de los consultados siente decepción al pensar en el Gobierno, el 32% menciona rabia y el 27% miedo. En contraste, apenas el 23% expresa esperanza y el 16% confianza. Estas emociones no explican por sí solas sus causas, pero muestran un clima ciudadano que merece atención.
Un Gobierno debe cuidar tres dimensiones: la agenda de gestión, que es lo que hace; la agenda pública, que es aquello de lo que habla el país; y la confianza ciudadana, que es lo que las personas creen sobre sus decisiones y resultados. Cuando las controversias políticas desplazan las prioridades económicas y sociales, los avances pierden visibilidad y las expectativas comienzan a debilitarse.
Pero no basta con comunicar mejor. También se necesita gobernar con coherencia, corregir errores oportunamente y demostrar resultados. Ninguna administración puede resolver en siete meses problemas acumulados durante años. Reconocerlo es tan importante como exigir responsabilidad por las decisiones actuales. La recuperación económica necesita tiempo; la confianza política requiere coherencia desde el primer día.
Chile tiene razones para mirar 2027 con mayor optimismo. Existe una oportunidad de recuperar el crecimiento y transformar las inversiones en bienestar. Aprovecharla exige mantener el foco en lo que verdaderamente importa: trabajo, ingresos que alcancen y seguridad efectiva, también en las regiones.
Porque las expectativas pueden devolverle la esperanza a un país, pero solamente los resultados pueden sostenerla.
*René Ávila Álvarez es ingeniero comercial, fundador de CEDET Tarapacá y director de la Cámara de Industria de Alto Hospicio.








