A propósito de » Halloween», una tradición gringa de origen celta, en la cual los chilenos continúan caracterizándose con los atuendos típicos y decorando las calabazas con espeluznantes muecas. Queda en la nostalgia y en la memoria, las historias de terror que nos contaban nuestros abuelos en la sobremesa o peor aún, antes de dormir y ver la lunita de Telenorte.
Los duendes encarnaban el despecho y rencor hacia la maternidad desnaturalizada. “Son las guaguas que murieron moras, o sea, sin bautismo. Estas historias se trasladaron a la ciudad y de vez en cuando, prefería taparme los oídos y no escuchar los sollozos de la llorona o dejar que don Sata me jalara los pies por si me portaba mal. Se decía que si escuchabas algún ruido, debías contestar con garabatos y así espantar al alma en pena de una vez por todas. Mi tío Chumingo a esa hora de las seis, cuando el Granaderos bajaba la bandera, nos relataba la historia del «Chichero», que asaltaba trenes y personas. ¡Ahí viene el Chichero!, vociferaba el tío nacido en la Covadera de Huanillo para ahuyentarnos. El mítico «viejo del saco» quedaba pequeño al lado de esta leyenda del western pampino. Imposible conciliar el sueño con las películas de «Drácula» protagonizadas por Cristopher Lee, » Sombras Tenebrosas», más aún si este tío travieso se colocaba los colmillos falsos para asustarnos y salir arrancando.
Cruces, rezos, mandas, ramos bendecidos, medallitas con la cintita roja, credos, bautismos, son parte del ritual de protección de un nortino. No había guagua que no tuviera su medallita de protección frente al malhechor. Frases del imaginario colectivo como » tiene mal de ojo» o no la juntes con esa persona que tiene «la sangre pesá», conformaban las creencias de una comunidad entera. Con respecto a la «Novia de Huara» comúnmente esperaba a los conductores para cumplir la eterna venganza con los hombres. En cuanto a su historia, se dice que fue una de las más hermosas jóvenes del pueblo, alegre y llena de vida. Para su desgracia, un forastero se burló de ella, la enamoró y después de cumplir su propósito de robar la pureza de la muchacha, la dejó vestida de novia esperándolo en la iglesia. Fue en ese momento cuan enloqueció por el dolor y corrió por la carretera en busca de una ilusión perdida. Allí, en la ruta, muy cerca del pueblo, un sorprendido automovilista la atropelló y la hermosa niña encontró la muerte. De «la llorona», cuenta la leyenda que esta es una mujer que llora amargamente debido al asesinato de sus hijos. Y reaparece en cada muerte buscándolos.
«La Noria», pueblo salitrero mayor en medio de la vasta pampa, bullante de actividad minera, donde también confluía la actividad comercial con su hotelería, sastrería, restaurantes, casas de remolienda, panaderías, herrerías, etc. Sumado a servicios tales como Bomberos, Iglesia, Registro civil, correos, etc. Este pueblo tan importante del que nos queda sólo su nombre también conserva una leyenda popular. El cementerio antiguo guarda entre los restos mortales, la tumba de un inglés con la siguiente inscripción:
Joseph Dixon Edmonson, born in Norwick, England, Death La Limeña, September 18 of 1883, más abajo se lee una frase que reza «In thee o lord is our hope» ( En ti Mi Señor está toda mi esperanza). La mala lectura hizo que la palabra Lord fuese de la alta nobleza. Desde entonces, se ha llamado «Conde de la Noria» por los pampinos al finadito. Cuantas historias se han contado en torno hasta este joven inglés. Se especula, que su cuerpo estaba casi intacto en la primera exhumación. Junto a él extrañamente se desenterró un brazo femenino como acompañando su solitaria sepultura. A una segunda intervención, se comprobó que el esqueleto ya no descansaba en el nicho. Y de ahí su deambular por el pueblo atrapando a quién quiera interrumpir su sueño eterno.
Entre los hechos o sucesos sin explicación de la gente pampina es «la guagua abandonada» o angelito que aún llora desconsolado entre los ríos; también el «futre o diablo» que se aparece a algún curadito de turno o «el descabezado» que galopa desde los campos de batalla para acometer con su sable desenvainado, montado en su agitado caballo negro.
En caso de la «viuda de negro», tiene distintos orígenes y versiones; unos la ubican en la oficina Brac, otros lo vieron en el cantón de Negreiros, en Lagunas y en la oficina Cóndor. Cuenta la leyenda que los obreros se aguantaban las ganas de hacer sus necesidades o descuerpo y no ser llevados al infierno por la demoníaca señora. La inconsolable mujer pasaba con su voz aullando en las noches, rogando por su difunto marido. Con el tiempo se descubrió que la famosa viuda era un obrero. El falso fantasma se fue de sacada de cresta y media .
Existe otra versión de «la Viuda» que nace del cuchicheo en la oficina Felisa, cercana al pueblo de La Noria . Se comentaba en la pulpería que todas las noches se veía pasar por debajo de los andamios que sostienen las bateas de salitre, a una mujer vestida de negro a avanzadas horas de la noche. La cuadrilla de cargadores que trabajaban en las canchas de salitre, permanecían con el temor constante de toparse con la finada . Los turnos se realizaban en la noche para evitar el machacante sol y por lo mismo atentos a la viuda. Unos decían que era muy alta, flaca y no tenía rostro. Hermosa decían unos; otros, que era vieja. Resulta que la viuda era la Libretera, la cual fue descubierta y atrapada por los atemorizados hombres.
Existen muchas historias más en la pampa y el mar, pero creo que son las personas y la narrativa oral, quienes conservan y tienen la responsabilidad de preservar a través del paso inexorable del tiempo nuestra identidad local.
Sonia Pereira Torrico
Fuente: Del Cerro Dragón a la Tirana (Mario Portilla Cordova)







