Nuestro mar guarda historias donde la paciencia, el respeto por el océano y la destreza se encuentran en un solo instante. El pasado fin de semana, en las tranquilas aguas de la zona de Caleta San Marcos, al sur de Iquique, se escribió un capítulo inolvidable para la pesca deportiva local.
Andrés Cornejo Soto, de 35 años, surcaba la superficie marina sentado sobre su tabla de paddle surf, buscando la profundidad adecuada lejos de la orilla. Desde esa perspectiva privilegiada, integrada al ritmo de las olas, llegó el momento decisivo: un tierno y contundente estallido bajo el agua anunció la picada de un gigante.
Lo que siguió fue un combate noble y tenaz. Al otro lado de la línea se encontraba una soberbia corvina de 18 kilos y un metro con veinte centímetros de longitud, un ejemplar de tonos plateados nacarados con matices marrones y una boca de deslumbrante amarillo.
«La mordida y el tirón fueron espectaculares», relató Andrés, con la satisfacción intacta en la mirada. «Debí aplicar todo el conocimiento para resistir la fuerza de la corvina. Por momentos temí perderla, pero con paciencia y temple logré acercarla a mi tabla».
Sostener el equilibrio sobre una tabla de paddle mientras se domina la fuerza de una de las especies más luchadoras de nuestra costa requiere no solo destreza técnica, sino un profundo temple. Para Andrés, este ejemplar representa la pieza más grande que ha capturado en su trayectoria deportiva, una hazaña que honra la rica tradición pesquera que por estos días celebra la generosidad de la zona, donde abundan relatos de hermosos lenguados, bonitos y cabrillas.
Una jornada memorable que reafirma que, cuando la serenidad y la pasión se embarcan juntas, el mar premia con momentos inolvidables. (Por Mario Vergara V.)








