Hoy celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, plataforma dirigida por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que se celebra cada 5 de junio desde el año 1973.
El Día Mundial del Medio Ambiente es la plataforma mundial más grande del mundo para la divulgación ambiental y lo celebran millones de personas en todo el mundo. Este año el anfitrión y organizador es Suecia.
Es tremendamente importante esta iniciativa porque nos trae a la realidad. Realidad compleja, porque de no mediar acciones concretas e inmediatas estaremos en el peor de los mundos en el futuro cercano.
Existen variadas visiones y versiones respecto del causante del daño al medio ambiente, pero hay un común denominador en esta ecuación: podemos decir que hoy estamos pagando la factura de la revolución industrial.
Quizás, más que celebrar el Día del Medio Ambiente, podríamos Reflexionar sobre el Día de la Conciencia.
En efecto, doscientos años de quema de carbón, petróleo y gas, han dado como resultado la liberación de cantidades enormes de dióxido de carbono en nuestra atmósfera.
Ese dióxido de carbono, lamentablemente, bloquea la salida del calor al espacio, provocando aumentos en la temperatura de la superficie del planeta.
No solo eso, sino que esta situación genera una serie de efectos secundarios, de bastante gravedad.
Entre otros, cuando el hielo se derrite en el ártico, producto del aumento de la temperatura de la tierra, esta menor extensión de la superficie nevada involucra una pérdida de capacidad de reflexión, por lo que la cantidad de calor que escapa es menor.
Es un círculo vicioso, porque esta situación hace que cada vez se incrementen los deshielos, provocando más calentamiento aún.
La situación es grave, ya que algunos científicos proyectan un incremento de 3º en la temperatura del planeta de aquí a fines del presente siglo.
Leyendo el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se puede concluir que los científicos están observando cambios en el clima de la Tierra en todas las regiones del mundo.
Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, no se podrán revertir en varios siglos.
El mayor impacto de este fenómeno está en el ciclo del agua, aumentando la intensidad de las precipitaciones y reduciendo su duración y la frecuencia de éstas (como reflejo de estos fenómenos, podemos apreciar un incremento de las tormentas, inundaciones, etc).
Uno de los impactos que ya se está viendo es el incremento de los niveles del agua de mar, con la consecuente pérdida de líneas costeras en todo el mundo.
Lo anterior, junto con los deshielos de las cumbres de montañas, cuyas aguas generan la producción del agua necesaria para mantener muchísimas comunidades en sus aspectos de producción de alimentos. Hoy ya tenemos una sequía galopante en casi gran parte de nuestro país.
El mundo entero y sus gobernantes están preocupados de la situación, sin embargo, debemos aterrizar el problema a nivel local, por lo que sería del todo relevante que de manera urgente los gobiernos regionales, los gobiernos comunales, las universidades, las comunidades, las empresas y los profesionales, nos aboquemos a evaluar, medir y proyectar los impactos y tomar las decisiones que nos permitan enfrentar esta situación de la mejor manera posible.
El fenómeno ya está presente, lo que hay que hacer es meternos de lleno en el intento de mitigarlos.
Hernán Cortez Baldassano
Ingeniero Civil






