El desarrollo demográfico de los últimos 50 años, sumado a las nuevas necesidades y características de la composición familiar, junto con las condiciones naturales de nuestro territorio, han exigido modificaciones en la normativa tanto de construcción como de seguridad en entornos urbanos, donde la densidad de ocupación ha sido una tónica que se mantiene con el paso del tiempo. Esto implica una serie de exposiciones y desafíos en materia de protección de la comunidad, frente a las exposiciones de urgencias de naturaleza social, natural o tecnológica.
Desde este contexto, Carmen Gloria González y Marcelo Jara, académicos de Ingeniería en Prevención de Riesgos y Medio Ambiente de Universidad de Las Américas, comentan que “ante una emergencia es vital que todos los integrantes de una comunidad tengan claridad sobre qué acciones y procedimientos se deben seguir; para ello, es esencial que las comunidades mantengan un plan de emergencia, ya que esto les permitirá realizar una planificación anticipada de las diferentes alternativas y acciones a seguir al momento de hacer frente a una situación de riesgo”.
La Ley 19.537 sobre Copropiedad Inmobiliaria, establece en su Artículo 36, que “Todo condominio deberá tener un plan de emergencia ante siniestros, como incendios, terremotos y semejantes, que incluya medidas para tomar, antes, durante y después del siniestro, con especial énfasis en la evacuación durante incendios “.
En línea con lo anterior, los profesionales de UDLA señalan que “en ocasiones las comunidades habitacionales tienen la percepción que solo los conserjes y administradores son las personas que deben manejar el plan de emergencia, y esto representa un grave error, sin desconocer que ellos son fundamentales para la comunidad, pues tienen la gran responsabilidad del resguardo y el control de acceso de los condominios, entre otras funciones. Pero, la organización no se puede sustentar solo sobre ellos para reaccionar de la mejor manera frente a una emergencia, ya que se requiere mantener una organización específica, que debe estar claramente definida y escrita en un plan de emergencia, el cual debe ser conocido por todos los miembros de la comunidad.
Y añaden, “al momento de elaborar un plan de emergencia es muy importante conocer el entorno de la comunidad y su infraestructura, identificar posibles peligros y evaluar riesgos, definir las zonas seguras, la señalización necesaria, el plan de evacuación y los procedimientos de acción ante las diversas situaciones que pueden surgir; asimismo, el plan debe incluir aspectos preventivos de protección y actuación para evitar la ocurrencia de un siniestro o emergencia”.
Finalmente, y a modo de ejemplo, frente a una emergencia producto de un incendio, los expertos de Universidad de Las Américas explican que “la forma correcta de actuar debe considerar un protocolo de evacuación y las acciones a tener en cuenta por parte de todos los habitantes del lugar. Entre estas indicaciones está el activar las alarmas y llamar a bomberos, evaluar el entorno al momento de evacuar y fijarse si por las puertas se observa humo o tocarlas para detectar la temperatura. Estas medidas básicas deben ser interiorizadas por todas las personas que forman parte de una comunidad u organización.”






