Señor Director: Viendo todos los estragos de la lluvia y viento y que han mostrado insistentemente los canales de televisión me pregunto si los daños son efectivamente causados por el agua y el viento.
Creo que sí, pero sólo en un porcentaje. Digamos un 50 por ciento.
El primer 50 por ciento es por la fuerza de la naturaleza y de este singular fenómeno climático. El otro 50 es porque «se hacen mal las cosas».
Y aquí hay un enorme problema que queda a la vista y deja como «la mona» a los servicios estatales y municipales que no son rigurosos con las especificaciones en las construcciones de casas, canales, colectores de aguas lluvias, instalaciones eléctricas deficientes y «un cuantay». ¿Por qué será que siempre ocurre lo mismo?
Es por eso que las Direcciones Municipales tienen una responsabilidad tremenda cuando deben revisar, chequear, exigir el cumplimiento de las normas y leyes, y multar, cuando están a tiempo, con las diversas obras para evitar todo lo que estamos viendo que ocurre.
Hay que reconocer que no todo es culpa del viento y de la lluvia que cae y que hemos estamos viendo con este fenómeno climático.
Si todo estuviera bien autorizado, planificado y ejecutado, «otro gallo cantaría». Es una realidad indesmentible.
Si todo estuviera bien construido, pensado y ejecutado, cumpliendo al pie de la letra las leyes y disposiciones de construcciones seguras y duraderas, viendo todos los pro y contras, otro «gallo nos cantaría» y el agua, en el caso del norte chico, sería de verdad una bendición y no una tragedia. Dios nos cuida.
Benancio Pérez W.







