- Aunque Chile garantiza el acceso a la diálisis para miles de personas, especialistas advierten que el reúso de filtros limita la calidad del tratamiento y mantiene al país lejos de los estándares internacionales.
En Chile, más de 27 mil personas dependen de la hemodiálisis para mantenerse con vida. Sin embargo, especialistas y organizaciones de pacientes advierten que el desafío actual del sistema no es únicamente asegurar el acceso a esta terapia, sino garantizar que cada paciente reciba un tratamiento con los más altos niveles de calidad y seguridad disponibles.
La principal alerta está puesta en el reúso de dializadores, los filtros utilizados durante la diálisis. Estos dispositivos médicos son fabricados internacionalmente como insumos de un solo uso; sin embargo, la regulación chilena permite actualmente su reprocesamiento y reutilización en nuevas sesiones de tratamiento.
El Decreto Supremo N°45 del Ministerio de Salud establece las condiciones sanitarias para la operación de los centros de diálisis y regula los procesos asociados al reprocesamiento de estos insumos. No obstante, especialistas plantean que esta normativa debe avanzar de acuerdo con los nuevos estándares tecnológicos y la evidencia científica disponible.
El reúso consiste en lavar, desinfectar y volver a utilizar un dializador en distintas sesiones de tratamiento. Según explican los especialistas, estos procesos generan un deterioro progresivo de la membrana del filtro, afectando su capacidad para eliminar toxinas de tamaño mediano y otras sustancias que se acumulan en la sangre de los pacientes con enfermedad renal.
Como consecuencia, la diálisis puede perder parte de su capacidad de depuración en comparación con el uso de un filtro nuevo, disminuyendo el rendimiento del tratamiento y alejando a los pacientes de los niveles de calidad disponibles actualmente.
Para la comunidad médica, esta situación representa una brecha entre la tecnología disponible y el estándar de atención que reciben los pacientes renales en Chile, especialmente considerando los avances que han permitido mejorar los resultados de las terapias de sustitución renal.
“El desafío actual de la diálisis en Chile no es solamente garantizar que una persona pueda acceder al tratamiento, sino asegurar que reciba una terapia con la mayor eficacia disponible. Cuando utilizamos insumos cuyo rendimiento puede verse afectado por procesos de reprocesamiento, estamos limitando la posibilidad de entregar el estándar de atención que la evidencia científica recomienda”. Señala la Dra. Tamara Bórquez, presidenta de la Sociedad Chilena de Nefrología (Sochinefro)
AVANZAR HACIA UNA DIÁLISIS DE MAYOR CALIDAD
Avanzar hacia una diálisis de mayor calidad requiere también incorporar terapias que han demostrado mejores resultados clínicos. En este contexto, eliminar el reúso es un paso necesario para avanzar hacia la Hemodiafiltración de Alto Volumen (HvHDF), una terapia que requiere filtros nuevos de alto flujo para alcanzar su máximo desempeño.
La evidencia científica ha demostrado los beneficios de este avance: el estudio CONVINCE, publicado en The New England Journal of Medicine, evidenció una reducción del 23% en el riesgo de mortalidad global en pacientes tratados con esta modalidad frente a la hemodiálisis convencional.
Por otra parte, estudios farmacoeconómicos han estimado que la implementación de la HvHDF podría contribuir a reducir complicaciones y hospitalizaciones, optimizando el uso de recursos sanitarios y generando ahorros potenciales cercanos a $5.533 millones anuales para el Estado.
“El reúso de filtros responde a un modelo que hoy debemos revisar a la luz de la evidencia científica disponible. Si queremos avanzar hacia terapias más eficaces como la Hemodiafiltración de Alto Volumen, necesitamos asegurar las condiciones técnicas adecuadas para que los pacientes puedan acceder a sus beneficios. No se trata solo de incorporar una tecnología, sino de garantizar una diálisis más segura y efectiva”. agrega la Dra. Bórquez
Las sociedades científicas y organizaciones de pacientes plantean que la discusión sanitaria hacia el GES 2027 representa una oportunidad para actualizar la atención renal en Chile, avanzando hacia un modelo que no considere únicamente el acceso a la diálisis, sino también la calidad, seguridad y eficacia del tratamiento que reciben las personas con enfermedad renal crónica.







